viernes, febrero 24, 2012

Toda la luz del mundo


El hombre avanza por el campo de trigales.
La luz se le derrama encima, lo envuelve, lo transporta. El cielo, inmenso como nunca, lo abruma de azul. En la siesta pueblerina todo parece detenido en el tiempo; las chicharras acompañan esos pasos que desafían la hora, el calor, el brillo casi insoportable del sol a pleno.
Por un momento, el hombre es feliz. Le sorprende, una vez más, entender que logra ese estado cuando ha renunciado a buscarlo. Siempre le llega así, de improviso, un estallido rojo tan incomprensible como el de las amapolas, que bostezan entre tanta madurez dorada.
Después, vendrá la oscuridad bien conocida a cobrar revancha. No la de la noche que, para él, sigue preñada de luz, con sus faroles callejeros, sus tabernas (donde la mirada verde del ajenjo lo aturde, casi tanto como el susurro constante en su cabeza: Loco, loco, loco…)
Esa es la oscuridad que aterra, que solo puede conjurar la luz rabiosa, chirriante, desatada, de sus pinceles...
Bajo el sombrero de paja, ojos alucinados y cabellos siempre en llamas, igual que su alma. En las manos, una paleta ebria de colores, un pincel fulgurante.
El hombre se vierte en la tela, pinta como desangrándose, arde, se consume.
En el fondo de su mente la oscuridad ruge y se retuerce, lanza pájaros negros sobre el cielo tenso, punteando la plenitud amarilla del trigal. Un camino se pierde en recodos invisibles.
Y aunque los cuervos se escandalicen y arremetan en turbios remolinos, la oscuridad ya no puede vencer.
Ni detener la luz implacable que crucifica demonios en el horizonte, sangrante luz tras el disparo que quiebra el canto de las cigarras campesinas.

viernes, enero 13, 2012

Sólo ese caballero


Los jinetes avanzaban a paso lento. Los monstruos calcularon que no estarían a su alcance antes de mediodía.
Hacia las diez de la mañana, el sol castellano definía a los viajeros con mayor precisión.
Uno, algo rechoncho, lucía bastante prometedor; el otro, en cambio, no haría un gran bocado. Pero no eran tiempos de melindres. Por más flaco que estuviera… ¡serviría igual como tentempié!
¡Todo habría terminado antes siquiera de que pudieran entender lo que ocurría!
Grande fue la sorpresa de los gigantes cuando el caballero del jamelgo, tan esquelético como él, se les abalanzó lanza en ristre, sin prestar atención a los clamores de Sancho que, como la mayoría, era incapaz de reconocerlos bajo su disfraz de molinos.

Imagen: Los gigantes, de S. Dali

Un nuevo libro

Comparto portada y contraportada de mi último libro publicado, en esta ocasión por Tau del Sur, de las Misiones Franciscanas Conventuales.


viernes, diciembre 02, 2011

ESPÍRITUS


Desperté y el fantasma prometido estaba en la habitación.
Ropa oscura, gestos exagerados, suspiros que rivalizarían con cualquier huracán tropical...
Muy teatral, demasiado "demodée", tirando a trágico. Y al parecer sin otro deseo que pasearse de un lado a otro, entre lamentos.
Amante de emociones fuertes, yo había pagado para ocupar la habitación con fama de encantada. Pero esperaba más que esos deambulares suspirantes.
—Oiga, joven... Si no piensa hacer algo más... fantasmal, digamos, pediré la devolución de mi dinero. Así, el único riesgo que corro es morir… ¡de aburrimiento!
—¡Oh, Muerte! ¡Oh, grave signo de un gran poder lejano! —declamó, en respuesta. Pasó el resto de la noche recitando a Novalis.

No logré que me reintegraran lo abonado.
Yo pedí un fantasma y eso tuve, dijeron; si no me había gustado que fuera el Espíritu del Romanticismo, debí prestar atención a la letra chica.


Imagen: "El caminante sobre el mar de nubes", Caspar David Friedrich

martes, noviembre 01, 2011

Rutinas


Estaba harto de esa vida. De estar todos los días detrás de algo que, más allá de pequeñas diferencias, era siempre la misma mierda.
Con frecuencia se preguntaba si sus congéneres sentirían lo mismo o si, como su padre, su abuelo y todos los que lo habían precedido en el camino, aceptaban su suerte sin perder tiempo en cuestionamientos sin sentido.
Porque, al fin de cuentas ¿qué otra cosa podían hacer? No solo habían nacido para esa tarea, sino que ella los definía, era su herencia, la identidad de su especie, el futuro de sus hijos…
Según viejas historias, antaño habían sido considerados seres sagrados, cuasi divinos, con una misión trascendental…
En la familia conservaban la estatua en piedra de un lejano antepasado, cuya negrura de basalto estaba surcada por signos que ya nadie sabía descifrar pero que, suponían, revelaban su elevado status anterior.
Pero hoy nadie creía ya que tuvieran algo que ver con lo celestial, ni responsabilidad alguna sobre los ciclos solares…
Debía abandonar de una vez sus estériles sueños.
Con un suspiro de resignada aceptación, el escarabajo estercolero agachó las antenas, y prosiguió empujando la bola de excremento.

martes, septiembre 27, 2011

La próxima batalla


Para Manuel los libros son un castillo con las puertas cerradas, un precipicio sin puentes, un planeta desconocido.
Mira las letras, esas prolijas huellas de hormiga, sin saber como otros pueden hallar su camino en ellas.
Pero se muere de ganas de encontrarlo él también.
Es… como un hambre. Distinta a la que tan bien ha conocido, pero casi igual de fuerte.
Suele entrar a la biblioteca del pueblo con pasos indecisos, furtivamente; como si no tuviera derecho a estar en ese sitio que se le hace tan ajeno, como temiendo que alguien descubra esa intromisión y lo eche; luego busca avergonzado, fingiendo que es para un nieto, algún libro de colores llamativos, de imágenes deslumbrantes.
Tal vez ellas puedan darle una clave, un indicio, algo que, tal vez, le devele el secreto de los signos inaccesibles. Pero el misterio permanece, se resiste…

Un día Manuel se mira las manos fuertes, gastadas, de quebracho añoso. ¡Cuántas batallas afrontaron! En muchas conocieron la derrota, en muchas fueron vencedoras…
Rastrea en el espejo al chico que supo ser hace ya tanto, ese chico oculto tras la máscara amasada por el tiempo.
Aún está ahí.
Lo reconoce en los ojos que, todavía, guardan imágenes de cerros, de ovejas pastoreadas, de cactus silenciosos, de matas ásperas azotadas por un viento inclemente. Días solitarios, días sin escuela, días barridos también por el viento de los años.
El niño y el hombre se saludan, se reencuentran, se abrazan, se confunden…
Entonces Manuel decide que ha llegado el tiempo de otra lucha.
Y, quizás, de otra victoria.
Esa misma tarde, con su paso lento, cruza las calles donde el sol ya se despide y, tímida pero decididamente, abre la puerta de la escuela para adultos.

sábado, septiembre 10, 2011

De nuevo en Billiken



Esta es la tapa de la revista Billiken de esta semana, recién salida del horno editorial, como quien diría. ¿Por qué la comparto?
¡Porque en esta edición del 9-9 sale un cuento mío! De yapa, van dos hojitas, para que puedan ver las ilustraciones de Diego Stigliano junto al inicio del cuento.

jueves, julio 28, 2011

En la Feria del Libro

Acá está mi librito, haciendo su segunda presentación en sociedad, esta vez en la Feria del Libro Infantil. Y, como no se animaba a estar solo, se hizo acompañar por un par de antologías en las que tuve el gustazo enorme de participar...
Yo, como buena madre chocha con sus bebés... me fui a sacarles fotos, sí, señor. Para enternecerme cuando se hagan grandes (¡de esperanzas también se vive!)

miércoles, junio 29, 2011

Engaño


El vendedor aseguró que las plumas de la almohada que acababa de comprar eran de cisne; imaginé entonces que mis sueños podrían volar alto y lejos…
Pero no se puede confiar en los vendedores…
Pasé la noche huyendo de las intenciones amorosas de un gallo y de las sospechosas invitaciones de un zorro.
Ahora, ya despierta, me preocupa el destino del huevo al que di a luz poco antes de amanecer

Imagen: fragmento de "En el espacio azul", de Arkadi A.Rylov

Lo siento, tengo que irme...


Le bajo el cierre despacio y ella me deja ver, insinuante, lo que tiene debajo.
No sé cómo decirle que si estoy acá es solo por obligación, que no es momento para que nos acostemos, ni ha llegado la hora de pasar, una vez más, toda la noche a su lado en ese abrazo que tanto cuesta romper cada mañana.
Así que terminaré de desvestirla y me iré, dejándola desnuda y sola sobre la cama deshecha y ya fría...
Ojalá entienda que, de vez en cuando, toda almohada necesita que se le lave la funda.


Imagen:Toulousse-Lautrec

jueves, junio 23, 2011

Colores


Al nacer, se cobijó en la limpia fragancia del blanco, y dejó que otros se preocuparan por rosas y celestes.
Después, aprendió a recoger amarillos para alegrarse el alma y verdes para llenarla de frescura; la dejó inundarse de turquesas y cobaltos cuando el mar le habló de lejanías y misterios.
Amó sentir bajo los pies la piel oscura de la tierra y el ocre tibio de sus caminos; tal vez por eso quiso recorrerlos todos.
Un día se entregó al azul de unos ojos y juntos supieron arder en rojos y naranjas.
Más tarde llegó el gris para ahogarlos en su niebla; conoció entonces la agonía insondable del negro; envuelto en él, incapaz de ver y verse, fue como una roca que musgos y líquenes cubrieron de tristeza.
Hasta que un amanecer violeta le regaló un resplandor ámbar; a su luz se reconoció vivo, y pudo reemprender la marcha.
Lejanas cumbres nevadas lo ensoñaron con blancuras renacidas.
Bajo el sol púrpura navegaban galeones de nubes, y el horizonte era otro mar.

lunes, mayo 23, 2011

PALABRAS


Dormíamos.
Intocadas, desde que fuimos abandonadas en este territorio incógnito. ¿Soñamos? Quizás...
Con el mismo mundo que nos contiene y que, a la vez, construimos.
Mundo también soñado por nuestro creador.
Pero hoy hemos despertado.
Y todas, por fin realmente vivas, salimos a tu encuentro, diminutas Scherezadas, para cautivarte con nuestras maravillas...
Hoy, cuando tus ojos recorren nuestra casa, este castillo de palabras que tú, desconocido, llamas libro.

miércoles, enero 26, 2011

Necesario

¡Otra vez! ¡Todos los santos días lo mismo! ¿Hasta cuándo este calvario? Muy bonito esto de la magia, muy creativo, sí, todo lo que ustedes quieran... ¡pero tiene sus bemoles también, no se crean! Sobre todo si uno cayó en manos de una narcisista obsesiva como la que me tocó en suerte. ¿Por qué no me ha tocado en suerte otra bruja, mago o hechicero con intereses más amplios, digamos? Porque tener las respuestas para todo, como es mi caso, y estar obligado a contestar una sola pregunta, ¡una sola, sí, como lo escuchan, siempre la misma, los siete días de la semana!... No, qué domingo franco ni domingo franco, estamos en el feudalismo todavía, para lo de las conquistas sociales falta un rato largo... En fin, cómo les decía, no sólo es tener que oír siempre la misma cosa, sino también responderla de igual modo desde hace años… ¡Eso acaba con la paciencia (y el azogue) de cualquiera! ¡Pero sí, que no soy sordo, ya voy, ya voy...! ¡Espejito, dime hoy, si la más hermosa soy! ¿No les dije? Ahora tengo que contestar. Pero no quisiera, porque yo ya sé lo que viene después... Hasta hace poco pude escurrir el bulto, pero no puedo hacerlo más. No hay margen para la duda, todo está más claro que el agua. Y como estoy condenado a decir la verdad aunque no me gusten las consecuencias... Hasta ayer, señora mía tuyo ha sido el honor más ahora (¡es la vida!) Blancanieves es mejor. Bella eres, es verdad, ¡más la doblas en edad! Y una cana por aquí, una arruga por allá, la belleza, poco a poco, como el tiempo se te va... ¡Zás! ¿Vieron? ¡Ya sabía que le iba a dar el ataque! ¡Pobre piba, la que se le viene encima! Pero bueno, yo no tengo la culpa, no maten al mensajero. Después de todo, vamos a ver, si no fuera por mí ¿cómo iba a seguir este cuento?

sábado, enero 22, 2011

Extinciones

Cuando se durmió, como cada noche, murieron todas las cosas. Por suerte ella, que las recrea en el instante del despertar, no sabe nada de ese cotidiano espanto. (Fotografía de Teresa Encinar)

miércoles, enero 05, 2011

Mutilación

Me duelen las alas, vida, / las fingidas, / incompletas, / las frustradas alas, / las ausentes...// Me duelen en el aire, / tal como dicen / que duelen los miembros amputados,/ exigiendo una presencia, / la ritual encarnadura, / sobre el vacío irremediable.../

lunes, diciembre 13, 2010

Visita

Yo no quería venir. Pero cuando má dice “hoy vamos a ver a la tía”, no hay más vueltas. Tenemos que venir, sí o sí. “Para eso somos familia”, dice. Prefiero ir a lo de Inés, que sí es mi tía-tía, ahí no hay problema, juego con mis primos y lo pasamos bárbaro; además ella es linda, se ríe siempre, aunque hagamos lío, y me da galletas de chocolate... Tía Antonia no se le parece en nada. A mí me hace pensar más bien en una bruja. Y huele siempre raro, un poco como las cosas que guardamos en el placard de la piecita del fondo. Además, todas las veces me mira como si no supiera quién soy. Má me dijo que es hermana del abuelo Luis, que está sola y enferma, y que por eso tiene que vivir acá, en este lugar lleno de personas igual de reviejas y que a mí me asustan un poco. Antes, el único que la visitaba era el abuelo. Pero se murió y ahí fue que tuvimos que empezar a venir nosotros. Má dice que es lo menos que podemos hacer. Bueno, está bien, digo, si a ella le gusta... Lo que no sé es para qué me trae a mí. Ya le dije un montón de veces que soy grande, que me puedo quedar en casa mirando la tele, pero no hay caso. Que no me va a dejar solo, dice. Y que ella tampoco está chocha de la vida por perderse la tarde del sábado después de laburar toda la semana. Pero que se lo prometió al abuelo y ella siempre cumple lo que promete. No sé, a mí me prometió hace mucho que me iba a comprar la camiseta de River y todavía nada.. Al final, me voy a hacer viejo esperando, igual que el abuelo Luis y la tía Antonia. Porque aunque parezca raro, hace como mil años, ellos también fueron chicos. Los vi en unas fotos que encontré en una caja adentro del ropero del abuelo. Má dice que tengo los mismos ojos y el mismo pelo que él. La nariz… no tanto. “Esa la sacaste de tu padre”, añade, y me parece que eso no le gusta mucho. Yo no sé si lo de papá es cierto, porque ella tiró todas sus fotos cuando se fue, y no me acuerdo cómo era… Pero bueno, la cosa es que a mí la Antonia de esas fotos de antes me gusta más que esta de ahora. Y me pasa que mucho no entiendo cómo puede ser la misma. Le miro el millón de arrugas, y los ojos chiquitos, y… ¿saben de qué me acuerdo? De una tortuga que tuve que se la comieron las hormigas. Si hasta mueve la cabeza igual… Má le cepilla el cabello, le corta las uñas, le da un caramelo de miel… Después creo que ella tampoco sabe qué más hacer. Se pone a mirar por la ventana, y nos quedamos los tres callados, escuchando el ruido de la calle, el televisor que los otros viejos están mirando en el comedor, el tic-tac de un reloj que parece un granadero de guardia en el pasillo. En lo único que quisiera pensar es en que cada vez falta menos para irnos. Pero también pienso si algún día no habrá otro chico como yo sentado acá, mirándome y pensando si seré o no el mismo que él vio en alguna foto vieja.