
I
La mascota robot les pareció una excelente compañía para su hijo.
Hasta que el maldito montón de chips enlatados lo mordió, transmitiéndole un terrible virus informático.
II
En el juicio, los sicólogos dijeron que el chico nunca quiso asesinar a nadie.
El problema era que no podía distinguir a sus amigos virtuales de los de carne y hueso.
Cuando disparó, solo pensó que borraba un programa viejo.
III
Reclamando una mejora energética, los tutores robot decretaron paro por tiempo indeterminado.
Solidarios, todos los demás artefactos cortaron el acceso a baños, cocinas y demás ámbitos hogareños.
Dado el altísimo grado de dependencia alcanzado por la Humanidad, las consecuencias fueron fatales.
IV
Ser ahorrativo cuando eligió lo que, tras el implante, controlaría sus prótesis, lo condenó.
Nadie le creyó cuando adujo que no tenía la culpa de que, por el malfuncionamiento de unos chips de segunda, sus brazos biónicos lo convirtieran en asesino serial.
V
Nunca debieron poner tanta humanidad en los androides, pensó.
Tirando por la borda la principal regla robótica, el chofer y amante de su mujer lo estrangulaba. ¡Ni siquiera a ese montón de lata cibernética había dejado en pie la muy zorra!
VI
Había sido divertido.
Pero ahora, sin vida alguna en la Tierra, nada tenía sentido.
La inteligencia artificial pensó que sería conveniente expandir sus horizontes.
Y volver a jugar una nueva partida de destrucción masiva en algún otro sitio infestado de entidades biológicas.
VII
Alguien había cometido un terrible error.
Las células madre implantadas habían desarrollando un nuevo miembro, cierto.
Pero evidentemente no un brazo humano, pensó, mientras el tentáculo se enroscaba alrededor del cuello del genetista.
VIII
Estaba aburrido de fabricar unicornios azules, aves Fénix y dragones falderos para ricos y poderosos.
La manipulación genética no debía servir a la frivolidad y el consumismo.
Decidió cambiar las cosas.
Y la nueva criatura llevó el número de la Bestia.
IX
Iba ya por la quinta recreación.
Pero aún no había logrado evitar que el virus ese le arruinara todo el programa.
Y una vez más tuvo que expulsar a Adán, Eva y el maldito gusano informático de su Paraíso virtual.
X
Cuando decidieron hacer copias de seguridad de aquel cerebro privilegiado, nadie pensó en realizar un estudio psicológico previo.
Y ahora, cuando ya es tarde, descubren que padecía el síndrome de personalidad múltiple.
XI
Los nanobots corrieron de nuevo a reparar lo que su contenedor insistía en estropear una y otra vez.
Y el suicida volvió a la vida, decidido a perseverar en su intento.
Tarde o temprano, derrotaría a la tropa de vigilantes y podría descansar en paz.
XII
Fijó sus sensores en las botellas vacías, la alfombra manchada, los ceniceros ahítos de colillas...
Algo chisporroteó dentro de ella.
Decidida a cortar por lo sano, Limpimax 3000 avanzó hacia el que, despatarrado en el sillón, dormía su última borrachera.
XIII
Sin darse cuenta, al quitar una telaraña, la doméstica activó el teletransportador. Hoy no será linda de ver, pero su vida mejoró mucho después del accidente.
Con sus ocho brazos, atiende cuatro casas más por día.
Y los patrones no se animan a negarle aumentos ni días libres.
XIV
El tirano miró satisfecho su depósito de clones.
Creyó haber alcanzado el viejo sueño de todo dictador: eternizarse en el poder.
No sabía que, en alguna parte, alguien clonaba su némesis.
XV
El mensaje había llegado desde el fondo mismo del Universo.
Ante su mirada cibernética, múltiples pantallas mostraban la Tierra, sus horrores habituales, el desenfrenado baile de la idiotez cotidiana.
Y el androide, sin enviar respuesta alguna, borró cuidadosamente la revelación que la humanidad no se merecía.