viernes, enero 18, 2008

AMORES IMPOSIBLES

El Refrigerador, sin tomar en cuenta las notorias diferencias que median entre ambos, se ha enamorado de la Cocina. Ella, achaparrada, morena, ardiente por naturaleza, lo mira con sus cuatro ojos abrasadores, y es fácil percibir el cálido sentimiento que esconde en su interior, en ese corazón volcánico listo para encenderse ante la menor provocación. A él, tan alto, tan pálido, tan glacialmente serio, le cuesta revelar lo que siente. Solo de vez en cuando deja ver su luminoso yo interior. Enseguida el deber se impone y recuerda que no puede permitirse tales efusiones, volviendo a cerrarse. Tras su habitual reserva conserva un alma fresca, en la que conviven esperanzas color lechuga, materia sometida al más helado imperio, una láctea pureza monástica, un sinfín de coloridos y fragantes elementos... De tanto pensar en ella, ya ha tenido dos cortocircuitos. La familia ha sido advertida que, de repetirse esta situación, no hay garantía alguna de que logre sobrevivir a un tercero. Pero él no puede evitar lo que siente. Aunque hasta la pequeña Lata de Paté entienda que ese romance no tiene futuro alguno. Como la musical Carmen, pero sin un Bizet que la inmortalice, la provocativa gitana doméstica acabaría por arruinar al ascético objeto de sus amores si llegaran a unirse alguna vez. Anulado por su abrazo, él no solo perdería identidad, sino también el trabajo que es la razón de su existencia. Incapaz de cumplirlo eficientemente, pronto habría otro ocupando su lugar. No solo en el ámbito hogareño, sino también en el afecto de la coqueta. Aunque tal vez esto suceda de todos modos. Según murmuran ollas y sartenes, que son quienes mejor la conocen, la muy voluble ya le está haciendo guiños entusiastas al sustituto del Viejo Calefón, el recién instalado Don Termotanque Esplendoroso.

domingo, diciembre 30, 2007

Brindo

Por un 2008 amable con nuestros sueños, por un mundo menos volcado hacia las tinieblas, por un mayor respeto hacia lo otro y lo diverso, la vida y la naturaleza, por recuperar esperanzas, ideales y los valores asociados a la palabra humano, y por tener el coraje de practicarlos cada día un poco más... ¡Feliz 2008!

Deseos

La lombriz se asomó entre la tierra húmeda., olorosa aún a lluvia. Miró hacia arriba. En el cielo, una nube oscura se retorcía en el viento, lombriz de humo presa en un anzuelo invisible. -¡Lindo sería tener alas! – pensó la que nunca había dejado el suelo. -¡Lindo sería tener anclas! – suspiró la nube maltratada, antes de deshacerse.

domingo, diciembre 23, 2007

SUEÑOS

“...te estableces en mi corazón y allí fundas tu / casa / de guacamayos blancos, viento y sal...” (Almudena Guzmán) Yo soñaba guacamayos. Con alas enjoyadas, con penachos blancos, con picos de lacre, con garras de madera fina. Yo soñaba casas repletas de cantos y latidos. Casas abiertas a todos los puntos cardinales, como los corazones nuevos lo están a todas las esperanzas. Casas donde los vientos hallasen cobijo pero no cerraduras, ni postigos cerrados, ni cadenas. Yo soñaba mares de profundo jade, cerrazones azules, soles de alabastro, enjambres de estrellas tintineantes, gaviotas de ensordecedora espuma, arenas que se pudieran sembrar con huellas de enamorados... Yo soñaba. Ahora desperté. Y mi canción se vuelve aullido, y la realidad aturde con su redoble. Mi corazón ardido se apaga y, con un último siseo de agonía, enmudece. (Imagen: The Rocker, por Ferjo, tomada de Internet)

jueves, diciembre 13, 2007

JORNADA

Pensó en los peligros del camino y tuvo ganas de volverse, pero los que venían detrás empujaban, así que siguió caminando. Muchas cabezas caían, aleatoriamente cercenadas por cuchillas invisibles. La silueta del verdugo ominaba todo el horizonte. Sin ocurrírsele que era inútil perder tiempo en eso, se formuló algunas preguntas; no halló respuestas confortables y siguió caminando. Acongojado, intentó comunicarse con sus compañeros de viaje; descubrió pronto que todos hablaban un idioma distinto, aunque al principio los sonidos parecieran familiares. Entonces, en silencio, siguió caminando. Más tarde, elegantes monstruos de pulidos modales hurgaron en él –y en los otros- con sus ácidas, impiadosas lenguas, más y más adentro, hasta calcinar el corazón inerme. Ahora ya sin preguntas, sin titubeos, vacío, maloliente, integrado, solo espera la bendición de las cuchillas, y sigue caminando. (Pintura de André Langer tomada de internet)

sábado, diciembre 01, 2007

Último día perfecto sobre la tierra...

Miro el atardecer y, como siempre, me emociono con sus colores inasibles. Hoy, quizás más que nunca, porque sé que ya no habrá muchos más por delante. Para nadie. La verdad no ha salido aún de los círculos de poder, ni creo que salga hasta que resulte implacablemente obvia. ¿Qué pueden decir los gobernantes? ¿Que ya no existirá ese futuro que tantas veces prometieron en vano? Sin la mísera ilusión del porvenir... ¡bien saben qué cabezas rodarán primero! Y así, aunque no haya escape, no quieren apresurar el tránsito. Por lo tanto, callan. Al descubrir lo que estaba pasando creímos en alguna clase de error monstruoso, pero al consultar con colegas de todo el mundo encontramos en ellos nuestro mismo desconcierto y la misma evidencia contundente: el fin del mundo ha llegado. ¡Claro que sabíamos que eso iba a suceder! Había tantas opciones en la baraja: en primer lugar, nosotros mismos y nuestra desaprensión suicida, o tal vez un meteoro, alguna otra colisión casi impensable, o un cambio cualquiera en la inclinación del eje… ¡Oh, sí, el final tantas veces anunciado acabaría por llegar, de un modo u otro! Pero no tanto tiempo antes, casi sin aviso, más allá de de toda suposición racional. Pronto ya no existirán más estas nubes perezosas, ni el azul de un cielo que creímos eterno. Ni los océanos sublevados, ni esta brisa áspera que el mar arroja sobre mi rostro. Todo se perderá. Y nosotros, los parásitos, duraremos menos aún. He dejado el observatorio. ¿Qué sentido tienen los cálculos desesperados cuando toda esperanza se revela estéril? No encontraremos una salida, no hay dónde ir, dónde ocultarse. ¿Para qué seguir oyendo los gritos que suplican soluciones mágicas? Si algo de todo lo que hemos invertido en matarnos los unos a los otros, cada vez con más eficacia y rapidez, lo hubiésemos empleado en buscar planetas habitables, o en construir una nueva arca de Noé, tal vez un soplo, un átomo, un poco de nuestra esencia sobreviviría. Pero no, no lo hicimos. Y un éxito atroz corona nuestra carrera: lo hemos logrado, por fin lo hemos logrado. Todos moriremos, rápida y eficientemente, cuando la furia del final nos alcance. He regresado a casa, el lugar que me vio crecer. Ya soy vieja y estoy muy cansada. No siento pena por mí, pero sí por lo que, pese a sus errores y horrores, la humanidad creó través de los siglos: el arte, los libros, la música… Todo se perderá, sin rastro alguno. Y las lágrimas corren por mi rostro. Lloro por los niños que nunca tendrán la oportunidad de crecer y equivocarse, por todas las alas detenidas, por todas las voces silenciadas, por la dolorosa belleza de este mundo condenado a desaparecer. Más allá del ventanal completamente abierto se mece el océano; unas gaviotas sobrevuelan las crestas espumosas, giran, se alzan, descienden, en un baile tan antiguo como las olas. La habitación está llena del sonido del agua, de los gritos punzantes de las aves, de la luz milagrosa del poniente. Me gusta ver atardecer, mirar con los ojos entrecerrados el rostro del sol y no descubrir aún el ceño fruncido de la muerte. El paisaje es una gloria que resplandece y se duplica sobre el agua; las nubes, ahora desflecadas y violáceas, frágiles, acarician el horizonte. Una vela lejana lo fracciona. Mañana, pasado, dentro de una semana, no sé, me sentaré en ese sillón de la galería; escucharé a Bach o a Pachelbel y me dejaré inundar por la misma tristeza premonitoria que siempre me ha provocado su música. Beberé un vaso de agua muy fría como si fuera el licor más exquisito, tragaré determinada cantidad de pastillas. Tal vez lamente no haber fumado nunca, supongo que podría ser un buen momento para un cigarrillo. Y antes de dormirme, veré atardecer el último día perfecto sobre la tierra.

viernes, noviembre 30, 2007

UN ORGULLO ENORME

Es lo que siento, pues en los primeros días de diciembre saldrá a la venta la antología Grageas.Cuentos breves de todo el mundo, de la colección Desde la gente, donde no solo tengo la alegría de que figure un cuentito mío, sino también la de compartir espacio con muchísima gente talentosísima, varios de ellos objeto de mi admiración durante el tiempo en que solo era una lectora ávida y ni soñaba con algo como esto. Y como si eso fuera poco, la tapa (que reproduzco) ilustrada por un artista como Nine... ¿se habrá adelantado Navidad? Porque me parece que mi regalo... ya lo recibí.

domingo, noviembre 25, 2007

OSCURIDAD

La anciana ha velado toda la noche, rechazando la oscuridad –ladrona oscura, oscuro lobo, espanto oscuro -, toda esa negrura que empuja desde afuera, queriendo devorar puertas, techos, sueños, cuerpos dormidos. En el pueblo no saben, ni sabrán hasta que sea tarde, cuando ella ya no esté para cuidarles el sueño con su insomnio, cuando su ventana, ese ojo sin párpados, ese puñal de oro que aún mantiene a raya a la fiera, se apague. El sol, desganado, bostezando sobre despojos sombríos, llega a relevarla. Entonces, con un suspiro, ella apaga su lámpara y, finalmente, duerme.

domingo, noviembre 11, 2007

PALABRAS VUELAN

Yo tengo una palabra preferida, mía, secreta. No sé qué quiere decir, pero cuando la pienso la boca se me llena de verde, y me parece que oigo volar pájaros, y que un sol cobre, como una hoja de otoño, me acaricia los ojos. Pero cuando quiero soltarla no me dejan. Se ponen el dedo sobre los labios, o sacuden la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, o dicen que no hay que perder el tiempo con tonterías, repitiendo palabras que no sirven para nada, palabras que no compran, ni venden, ni señalan. Palabras inútiles. Hay que ser prácticos, me dicen, y obedientes. Aprender que en el mundo no hay lugar para mis palabras, que ya hay demasiadas, dando vueltas por ahí. Nadie necesita que yo pronuncie ninguna. El silencio es salud, es oro, en boca cerrada no entran moscas, eso me dicen. Y algunas otras cosas por el estilo. Y hasta ayer yo bajaba la cabeza, obedecía, callaba. Me tragaba las letras una a una, como si fueran piedritas grises, semillas secretas... Porque soy muy chica. Porque temía a los dedos que silencian, a las cabezas que niegan, a las manos que no vacilarían en taparme la boca. Pero hoy amanecí distinta, no sé por qué. Y siento adentro algo así como unas cosquillas, un temblor de alas... Me miro en el espejo y tengo los ojos llenos de pintas verdes y doradas, y en la piel un brillo que me ilumina desde adentro. Algo quiere salir de mi boca, se apropia de mí con su propia prepotencia. Es rebelde, poderoso, invencible como el amanecer. Mis labios se abren y una luz acuática brota, se expande... Envuelta en ella, mi palabra se hamaca en el aire, abre las ventanas, se hace trino, nube, globo de colores. Sube, vibra, sueña, deshace el gris. Ignora las rejas, vuela. Me asomo y veo florecer dedos y rostros, las cabezas antes gachas se alzan, el sol está alegre como una campana. Y todas las bocas se abren, y todas, todas las palabras prisioneras vuelan, sueltas, leves, libres al fin

martes, noviembre 06, 2007

EL QUE CREA

Solo, en medio de la oscuridad y el silencio, está él. Sabe que existe, más no bajo qué forma; entre tanta negrura, no alcanza a imaginar siquiera donde empieza lo que no le pertenece. Como alguien dirá en otro tiempo, que ya se está gestando, "pienso, luego existo". Y él piensa. Es su único asidero en el vértigo de la ignorancia. Aunque el pensamiento aún sea, apenas, la sombra de una idea, una luciérnaga tímida que lucha, esparciendo su luz entre el caos y la nada. Él se aferra al rescoldo que tal vez lo salve, lo acuna; con su empeño le da fuerza, la idea resplandece, aparta las tinieblas. La luz irrumpe, incandescente, y por un momento, lo ciega. Pero en ella se reconoce, se asume, se delimita. El universo fluye de sus manos, ruedan soles y planetas, los árboles elevan sus arquitecturas de esperanza, una febril respiración lo envuelve todo. Tierras y mares se separan. Él juega. Se sueña poderoso. Inventa monstruos y los aniquila con la misma despreocupada alegría. Experimenta. Y acaso enloquece un poco. La soledad aún lo abruma. ¿Quién apreciará su obra? Sus criaturas innumerables pacen, despreocupadas, básicas; en su simpleza, no lo reconocen, no lo aman, no lo temen. Y él necesita todo eso. Sin un espejo, ¿cómo saber que existo?, se pregunta. ¿Cómo puede saber que no se imagina a sí mismo, que no es solo un patético engaño de su pensamiento? Una vez más, casi al borde del antiguo abismo del que ha salido, crea. Y en la adoración y el temor de los hombres, Él es.

NÉMESIS

Los hombres pensaron crear un monstruo para tenerlo a su servicio. Y así lo hicieron. Cuando desplegó sus alas llameantes se regocijaron, felicitándose por lo letal de su mordedura, lo mortal de su caricia. Luego, satisfechos, lo enjaularon. Nadie podría desafiarlos, ahora que tenían tanto poder a su servicio. Sin embargo, un día creyeron llegado el momento de usarlo. Porque allí estaban los enemigos, los insolentes, los peligrosos, los traidores. Otros hombres, en suma. Que también habían fabricado su propio monstruo. Otra fiera de alas ardientes y fauces abrasadoras. Entre gritos de amenaza y promesas de triunfo, ambas jaulas fueron abiertas. Los dragones parpadearon bajo el sol. Sus cuerpos brillaban con una luz siniestra y cegadora mientras salían, lentamente, de su encierro. Cuando abrieron las alas y alzaron vuelo, el corazón de los hombres diminutos se oscureció de súbito temor. Pero la arrogancia siguió hablándoles al oído, tranquilizándolos. Y aguardaron, con el aliento en suspenso, el resultado de la confrontación, cada bando seguro de su propio triunfo. Ajenos a todo, libres por fin, los monstruos se encontraron en lo alto, sobre las ciudades insignificantes, sobre el damero multicolor de los campos, bajo la espuma hirviente de las nubes. Y se descubrieron bellos, terribles, deslumbrantes. Las nubes ardieron, los campos amarillearon como hojas de otoño, las ciudades se volvieron de arena y humo, los hombres gritaron con una sola voz de espanto mientras eran borrados por vientos impiadosos. Los dragones, a su modo atroz, se amaron, olvidados de las criaturas que los habían engendrado, de la misión que les habían propuesto. En su duplicado abrazo de fuego toda vida fue aniquilada. Ahora, las cenizas del mundo les pertenecen. Juntos reinan, por siempre, sobre sus ruinas.

viernes, noviembre 02, 2007

HUMO

- Él te está fumando a vos -le decía yo siempre. Pero no me hacía caso, y seguía prendido al pucho, igual que si fuera la teta de la vieja cuando era un crío. De todos modos, yo tampoco me esperaba esto, pienso, mientras miro la sopa que se enfría, y en la que flota un poco de ceniza. Que no sé si es del cigarrillo o del hombre que se hizo humo frente a mis ojos. Imagen: J.Hebuterne (A. Modigliani)

CONVIVENCIA DIFÍCIL

He decidido no dejarme llevar más por la imaginación. Confieso que me cuesta un poco ignorar las cadenas que los fantasmas dejan en el paso, esquivar los monstruos agazapados en los rincones oscuros, no llevarle el apunte a los asesinos ocultos tras las puertas. Por suerte, los reptiles, desde que les hice un lugarcito en el freezer, están letargueando lo más panchos, y gracias al dragón, aunque cada dos por tres me chamusque las cortinas, ahorro bastante en calefacción. El problema más serio lo tengo con las cucarachas – de algún modo tengo que nombrarlas - pero, según mi vecina, eso le pasa a todos en el barrio desde que pusieron el frigorífico en la otra cuadra. Lo que no sé, y no me atrevo a preguntarlo, es si alguna de las que habita con ellos dice llamarse Gregorio Samsa y tener veleidades literarias.

domingo, septiembre 09, 2007

Nuevo link

Acabo de añadir el blog (¡flamante!) de Fernando a los links de Mis amigos. Sí, porque además de ser mi hijo, creo que también somos eso, en parte por compartir chifladuras semejantes, pero también por muchas otras razones. Que sea una persona maravillosa es solo una de ellas. Creo que vale la pena visitarlo(bueno, eso con todos los linkeados, claro. Ahí puso dibujos que hizo para un cuento mío ("Lali dice"), inédito aún. Les adelanto uno de ellos. Que lo disfruten.

viernes, septiembre 07, 2007

ARIADNA II

Aquella mujer estaba sola. Pero llena de palabras. Tantas, que le reventaban las costuras del alma. Las palabras querían nacer. Y empujaban, atropellándose en su garganta, trepándosele por la lengua, golpeándole los dientes. Pero ella apretaba los labios y las tragaba de nuevo, encerrándolas en algún lugar del cuerpo por un tiempo más. No era fácil. Furiosas, le arañaban los pulmones, le mordían el estómago, le clavaban las uñas en el costado izquierdo del pecho. Las sentía revolverse como un manojo de culebras. Arder como un montón de brasas. Pesar como racimos de guijarros. Y en las noches, cuando el sueño la vencía, se deslizaban por su boca entreabierta, y volaban, polillas encendidas, buscando donde hacer nido. A veces su revoloteo la incomodaba; entonces se agitaba, intranquila, sin llegar a despertar del todo. Las palabras fugitivas se quedaban muy quietas, aguardando... Y cuando ella se entregaba de nuevo al sueño, que aflojaba las cerraduras de su boca, salían de puntillas, con pasos de duende; un hilo de oro, un rocío de estrellas que huía, veloz, por todas las rendijas de la casa. La mujer no callaba por gusto. Pero le habían enseñado que solo los locos hablan solos. Y ella, que tan sola estaba, ¿a quién iba a hablarle? No quería como compañera a la locura, esa vieja desgreñada y hostil. Por eso apretaba los labios y soportaba las torturas inflingidas por las palabras prisioneras. Volando sobre el tapiz de la noche, las palabras chispeaban sobre los techos dormidos, sobre las terrazas donde los gatos se amaban ruidosamente, sobre los charcos de luna estancada. Buscaban, buscaban siempre, el oído dispuesto a recibirlas. Una madrugada vieron aletear unas cortinas. Como esas banderas que usan los marinos para comunicarse, las llamaban, les hacían señas... En remolino, la bandada giró sobre la casa, ese diente solitario en la boca oscura del campo. Atropellándose, entraron por la ventana abierta. Sobre la cama, un hombre dormía. Curiosas, le miraron el perfil de niño viejo, el rostro indefenso. Le acariciaron el pelo con ternura de madre y las manos con ansias de amante. Le rozaron los labios, temblando con su aliento. Luego, con suavidad, comenzaron a deslizarse en sus oídos. El sueño del hombre se llenó de un paisaje desconocido, con una casa pequeña y blanca acurrucada al pie de unos cerros multicolores, junto a las ramas sedientas de un árbol agobiado de estrellas. Y en la casa había una mujer. Tenía los labios florecidos de palabras y, tras los ojos cerrados, una promesa de amor. El hombre despertó rodeado de alas invisibles y susurros brillantes. Sentía una renovada tibieza en el pecho, junto al corazón, allí donde había guardado el rostro de la bella durmiente. Y por un momento, creyó que un millar de luciérnagas había invadido el cuarto solitario. Las palabras, desovillando su leve madeja de oro, le señalaron el horizonte, lo tomaron de las manos, le prestaron sus alas. El hombre sonrió, lleno de su luz. Luego, se puso en camino.

Amor de raíz y alas

Él está lejos. Y el amor y la distancia le duelen en todo el cuerpo. De tanto nombrarla, a su voz le nacen alas. Y así el corazón se le vuelve pájaro. Ella se muere de ausencia. En las noches cree oírlo, llamándola. Pero el alba le devuelve la tristeza del lugar vacío sobre la cama en duelo. Tal vez por tanto esperarlo, el alma se le vuelve raíz. La esperanza la llena de ramas, y en las ramas hay hojas. Como corazones verdes, suspiran en la brisa. Voz y corazón alados vuelan sobre desiertos hambrientos, que tratan de deslumbrarlos con sus cristales de oro. Pero ellos ignoran sus brillos áridos, seguros de que ahí no hay nada que pueda calmar su sed de ella. Mares de jade los llaman con voces de sirena y manos de espuma. Pero la roja flecha solo tiene oídos para la voz pequeña, casi inaudible, que tiembla más allá del horizonte. Cruzan montañas que acunan hielos en sus cimas. Hielos que no saben de amores ni tristezas, hielos silenciosos, dormidos en un sueño de agua aún no nacida. Cruzan bosques donde el musgo reina y selvas de orquídeas agobiantes. Su sombra frágil tiembla sobre ciudades erizadas de hierros y cemento, sobre pueblos blancos, sobre techos rojos. Escapando de águilas y halcones, agradecen la ayuda de los vientos compasivos que les son favorables. Una mañana ella, entre lágrimas verdes, ve llegar un ave en llamas. No la reconoce hasta que oye su canto. Porque el canto es su nombre.. Entonces alza las ramas llorosas, y todas sus hojas bailan para recibirlo. Y el corazón, fatigado pero feliz, anida en ella.

jueves, septiembre 06, 2007

Fernando

Mi segundo hijo (por orden de aparición, solamente),ha hecho un dibujo que quiero compartir, porque me parece que vale la pena. Siempre me encanta su trabajo, y esta vez más aún, porque se inspiró a partir de mi cuento de la sombra. Creo que no me equivoco al elogiarlo, y que no es solo la chochera materna lo que motiva mi juicio. ¿No les parece muy bueno?

domingo, agosto 26, 2007

Y hablando de compañeros

Acá aparecen varios, el día en que presentaron la antología Primer Beso en la Feria del Libro 2007. En el centro, como debe ser, Graciela.

Con emoción

voy a "colgar" ahora algo que un amigo y compañero de taller ha tenido la amabilidad de dedicarme, más allá de que merezca o no sus palabras. ¡Gracias, Andrés! OLGA Olga está escribiendo, nadie hable; administra, recoge, talla y labra. Escribe porque sí, porque es su cable, o porque espera que al fin todo se abra. Busca algo que está en la superficie de su núcleo interior, de su carozo; de un laberinto se sale sin destrozo, aunque el hilo de Ariadna te acaricie. Andrés Sobico

lunes, agosto 20, 2007

Corderos

Solitarios corderos cotidianos, consumidos por absortas rebeldías en oscuridades de neón y calles ciegas; a pura pena recorren los atajos y así llegan al infierno prometido, al encuentro proverbial con los altares; no serán detenidos los verdugos por el árido vacío de sus ojos. Desde el trono secular de la miseria Herodes, sin pasión esta vez, los asesina.