Abrí el diccionario y las palabras, como murciélagos, como mariposas, como hojas de otoño o golondrinas, salieron volando.
Ante las páginas en blanco, comencé a transitar el silencio.
"Pero no todo está dicho - dijo ella - porque las palabras son la sombra y la luz de las cosas, y las cosas no son, sino que van naciendo y siendo." A. Gorodischer. Kalpa Imperial. Libro II. El Imperio más vasto.
miércoles, agosto 20, 2008
Desbande
Abrí el diccionario y las palabras, como murciélagos, como mariposas, como hojas de otoño o golondrinas, salieron volando.
Ante las páginas en blanco, comencé a transitar el silencio.
lunes, agosto 18, 2008
Tejidos
Procura mezclar los hilos de forma proporcionada, para que su obra no se agobie de oscuridades, ni resulte tan sosa que aburra.
Pero los años no vienen solos. Su vista no es la de antes, y sin darse cuenta confunde los colores.
La urdimbre pierde su equilibrio, quien la carga padece como Job, o parece bendecido por los dioses. La injusticia solivianta los ánimos, las quejas se multiplican...
Hartas de reclamos, sus hermanas le compran un par de anteojos.
La menor de las Parcas ya no podrá justificar los errores de sus tramas.
martes, agosto 12, 2008
Extrañezas
No era un ángel, pero tenía alas.
Aunque no las usaba siempre.
Para poder levantar vuelo debían darse una serie de confluencias, una suma de circunstancias.
La luz era el factor más importante.
Sin embargo, muchos de sus mejores vuelos habían empezado en la oscuridad más absoluta.
Y la luz, entonces, nacía de sus propias alas.
(Imagen: "Vuelo", de Noel del Rosal Ortiz)
Cambios odiosos
Ella se peinaba frente al espejo.
Él, mientras se vestía, le dijo que no iba a volver nunca más, que lo de ellos terminaba allí, que ese era el punto final.
No debió hacerlo.
Los oscuros cabellos de la amante dejaron de ser la suave cascada que él tantas veces había acariciado; aquellos que había atrapado el cepillo se desprendieron de él, siseando con furia, y un hervidero de víboras comenzó a treparle por las piernas.
El hombre ni siquiera pudo gritar.
La mirada de ella, abandonando el espejo para clavarse en él, lo convirtió en piedra.
Agnus Dei
El sacerdote acababa de terminar la ceremonia cuando una extraña voz viajó hacia las alturas, junto con el aroma del sebo y las demás ofrendas que ardían en el altar:
- Si Dios ama por igual a todas sus criaturas, como siempre dicen, ¿por qué evitó la muerte del hijo de Abraham, pero nunca interviene para salvar a los míos? –balaba tristemente la oveja, ante el cadáver del cordero recién sacrificado.
martes, agosto 05, 2008
DESVARÍO
Igual que Ulises, se hizo atar de modo que le fuera imposible entregarse al canto de las sirenas.
Como él, luchó por zafar de sus ataduras mientras las voces dolorosamente bellas lo llamaban.
Y él tampoco pudo lograrlo.
Tal como la nave griega, también la suya se alejó, poco a poco, de aquél sonido sublime, hasta que solo fue un deseo anclado en la memoria.
A diferencia de su insensible predecesor, vuelto a Itaca y a los pacientes brazos de Penélope, él, desesperado, vaga desde entonces por un vasto océano silencioso, buscando reencontrar aquella música.
SILENCIOSAMENTE
Años acostumbrándose al silencio, a bajar los ojos, a hacer todo como él quiere. Años. Una vez se fue, él la trajo de vuelta.
A golpes.
Desde entonces, nunca más.
Porque sabe que la va a encontrar siempre. Como el perro que es.
Y está cansada. Harta de tener miedo, de temblar cada vez que se le acerca, de adivinar cuándo llegará el próximo puñetazo, la patada, el sopapo casi ritual.
Una noche, mientras él duerme la borrachera, ella, silenciosamente, se levanta, se viste.
Luego, silenciosamente, va a la cocina y abre las llaves del gas.
Sale de la casa silenciosamente.
Respira hondo el aire callado de la noche y, siempre en silencio, enfila para la estación.
Imagen: Pablo Picasso
EN CASTALIA
Allí están. Y uno, esperando mientras las señoritas se divierten.
¡Embobadas con ese músico de cuarta! ¿Que el tipo es todo un apolo? ¡Bueno, que se quede en el Olimpo y deje que un pobre mortal se las rebusque!
Pero se ve que al chabón le gusta ver a todas las ninfitas mirándolo con ojos de carnero degollado.
En cuanto termine el recital me van a oír... ¡Tarambanas!
¡Que no empiecen las trillizas con los versitos, que me muero de aburrimiento...!
Euterpe ya agarró la flautita, Erato, la lira, Cali desenrolla el pergamino...
¡No, no! ¡Basta de joda, chicas, a laburar!
¿Qué piensan que puede hacer un escritor con unas musas así de irresponsables?
jueves, julio 31, 2008
Delirantes
La niña ya está un poco cansada de los cambios que viene sufriendo desde que cayó en ese lugar. De pronto, un enorme insecto aparece ante sus ojos. Está a punto de salir corriendo, pero una voz de raro acento le suplica
- ¡Ayúdame, por favor! Estoy tan confundido...
Se detiene. ¿El bicho habla? Bien, ya vio tantas cosas inexplicables, que una más...
- Dime, ¿qué hace una pequeña como tú en un lugar como éste?
- Soy parte de un cuento – responde Alicia educadamente
- ¡Un cuento! – exclama el insecto - Gracias, pequeña, creo que ahora entiendo ¡Es el delirante de K, que otra vez anda haciendo de las suyas!
(Imagen Metamorfosis, de Fernando Falcone)
CREACIÓN
No sé si hicimos bien en regalarle a nuestro hijo ese juego...
Parecía divertido, al principio. Y también útil. Educativo...
“Arma tu propio universo”. ¿No suena interesante?
Un lindo modo de conducirlo por el camino de la ciencia, pensamos.
Pero ahora estamos preocupados.
Hace casi una semana que está encerrado en su cuarto. Cada vez que lo llamamos, dice que está demasiado ocupado, que lo dejemos tranquilo, que él sabe lo que hace.
No estamos tan seguros, sin embargo. Hace un rato, nomás, dejó sin luz a todo el barrio...
Por suerte, logramos que nos prometa que mañana, domingo, dejará el bendito juego de lado y descansará como se debe.
A SALVO
El oriental interpretó correctamente el gesto que la Muerte había hecho al verlo. Por eso, canceló el viaje y se encerró bajo siete llaves.
Ella, por supuesto, no se iba a dar por vencida por tan poca cosa. Nunca la habían detenido puertas ni cerrojos, y su record mostraba muy pocos fracasos, a la larga siempre redimibles.
Pero él tenía un as en la manga. Y cuando la sintió aproximarse, azuzó al perro contra ella. Mientras el Mastín que había obtenido de los Baskerville se entretenía con la huesuda, pensó en su Buenos Aires, y en cuando lo volvería a ver
Dicen que se ha vuelto inmortal y que cada día canta mejor.
martes, julio 22, 2008
Riesgo
Nunca jugó, por temor a ensuciarse o lastimarse.
Nunca se enamoró, por temor a que lo hicieran sufrir.
Nunca voló ni navegó, por temor a que el avión cayera o el barco naufragara.
Construyó una caparazón, invisible pero efectiva, para protegerse de todo.
El tiempo acarreó soledad y aburrimiento.
Vio pasar a la Muerte muchas veces. Pero ella nunca se le acercó.
Ya era muy viejo cuando decidió preguntarle si su hora estaba cerca.
Estaba solo, con frío, el cuerpo le dolía por todos los costados, y hacía mucho que nada parecía tener sentido.
La Muerte lo miró con sorpresa.
- No puedo llevarte – dijo- solo vengo por los vivos...
Y partió, sola.
Para mí, el Caos
Sumerge la pajilla en la mezcla; después la alza y sopla.
Una serie de burbujas multicolores flota en la luz, danzan, giran, derivando en el espacio con misterioso orden.
Una a una, las reviento.
Él, incansable, sigue creando sus universos, esos frágiles sistemas planetarios.
Yo, igualmente empecinado, seguiré destruyéndolos.
NEOBESTIARIO
Muerta de risa, mi nieta se empeña en unir equivocadamente las piezas del juego didáctico.
La tiene sin cuidado la lógica, y junta la figura de un perro con la leyenda “Tiene grandes cuernos”. No conforme, añade debajo otra que asegura “Sale cuando llueve”.
Un nuevo bestiario medieval, surgido de esas pequeñas manos tiranas, se desparrama sobre la mesa del comedor, torciendo el rumbo de cualquier evolución natural.
Más tarde, me cercioro de cerrar bien todas las puertas y ventanas, me tranquilizan las rejas y cerrojos.
Temo que, cuando empiece a llover, la bestia cornuda o cualquier otro de los recién nacidos monstruos (que ya rondan por la calle), logre entrar en nuestra casa.
domingo, julio 13, 2008
HARTAZGO
¿Hasta cuándo este calvario? Muy bonito esto de la magia, muy creativo, sí, ¡pero tiene sus bemoles, no crean! Sobre todo si uno cayó en manos de una narcisista obsesiva como esta... Yo, que podría dar respuestas a todo, estoy obligado a contestar una sola pregunta, siempre la misma, sí, como lo escuchan, todos los días de la semana... ¡No, qué franco ni franco, estamos en el feudalismo todavía, y falta un rato largo para lo de las conquistas sociales...!
Pero esto acaba con la paciencia (y el azogue) de cualquiera...
¿No les dije? ¡Ahí viene la bruja y su famosa preguntita! ¡Sí, sí, ya voy...!
“¡Espejito, dime hoy / si la más hermosa soy!”
Fruto amargo
No contenta con habernos hecho expulsar del Paraíso, la pérfida manzana aguardó pacientemente la llegada del pensador, para atacarlo de improviso.
Lo demás es conocido: Newton descubrió la Ley de la Gravedad.
Desde entonces, perdimos también la capacidad de volar, abrumados por el peso de tan grave legalidad.
EL BUEN LADRÓN
En vida, cometió todos los pecados contabilizados, y hasta añadió algunos, de su propia cosecha, a la pesada losa mosaica.
Cuando murió hubo quien, preocupado por el alma inmortal que sufriría los peores tormentos del infierno, sufragó misas y realizó generosas donaciones en su nombre.
Fue una lastimosa pérdida de tiempo y dinero.
Todos sus esfuerzos llegaron tardíamente.
Porque tras muchos años de latrocinio, y gracias a su maestría en las malas artes, no había puerta que el réprobo no fuera capaz de abrir.
Ni siquiera las del Paraíso.
Incrédulos
- ¡Es un ángel! – decían los parientes.
- ¡Es un ángel! –repetían los vecinos.
- ¡Verdaderamente, un ángel! – coreaban amistades, compañeros de la Facultad y simples conocidos.
Los científicos nada han dicho aún.
La han encerrado en un laboratorio, le cortaron las alas, la someten a toda clase de experimentos espantosos, devorados por el ansia de clasificar semejante espécimen de la manera más correcta y apropiada.
miércoles, julio 02, 2008
Concierto
El día de su primer concierto tuvo sufrimientos extraños: se le hincharon piernas, rostro, vientre...
A último momento debió alquilar un traje, ya que la creciente desmesura de su abdomen le impedía vestir el suyo, esperanzadamente nuevo.
Su madre, esgrimiendo justificaciones sicosomáticas, le cedió un par de Valiums.
Así, soñoliento y distante, pudo observar con cierta ecuanimidad la expansión sin pausa de su barriga; y a pesar de las náuseas insolentes, ni pensó en cancelar la presentación.
A la hora señalada, sintiéndose ridículo, ajeno a su cuerpo, aturdido aún por los sedantes, se sentó al piano.
Y entonces dio a luz la música.
CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO...
Dios, aunque sea para desmentir a Einstein, sí juega a los dados con el Universo. Con algo tiene que entretenerse.
Pero ese no es el problema. El viejo sabe bien cómo tirarlos.
Tampoco hay que preocuparse porque el Otro, (ya saben de quién hablo), sea un excelente jugador de truco, poker y similares.
Porque los puros y temerosos huyen de semejantes vicios. Y los que no, tan tramposos como él, van con las cartas marcadas. Además, si pierden, siempre se puede decir “¡allá ellos!”
El verdadero problema, lo que no nos deja dormir a la noche, es que a la Humanidad le encanta jugar a la ruleta rusa.
Imagen: Alberto Molina Navarrete (tomada de Internet)
BOOMERANG
Los miré pasar, inmóvil como una planta, maravillado por el orden aparente, la cruel eficiencia, su organizada crueldad.
El jardín languideció bajo sus pasos, antenas pavonadas cuadriculaban el aire.
No quise (o no supe) defender los pétalos ajusticiados, las semillas desarraigadas en la oscuridad, el verdor de las hierbas...
Callado, observé el proceso atroz. Cerré los oídos al silencio que gritaba, cerré la boca. Solo miraba, vegetalmente sumiso y mudo.
Hasta que el jardín fue una espinosa desolación (huesos insepultos, tierra arrasada, cielo sin alas).
Y ya no hay qué mirar.
Sólo quedamos ellos y yo.
De tanto callar, ya no tengo voz.
Y ellos... aún tienen hambre.
ASIMILADO
miércoles, junio 25, 2008
Iluminación mortal
Entró en la cueva, seguro de haberla visto deslizarse en ella.
Había perdido la cuenta de las veces en que creyó haberla atrapado.
Un engaño, por supuesto. El oro de su hallazgo pronto revelaba su alma de arena y, proverbial, se le escurría entre los dedos.
Ahora, casi al final de su vida, no podía equivocarse.
La sombra difusamente entrevista debía ser lo que buscaba. Él tenía que ver el rostro enceguecedor antes del final.
Un indeciso resplandor iluminaba la caverna.
Y ella estaba allí.
Para verla al fin en toda su gloria, la enfrentó.
Y entonces lo descubrió: la Verdad era una Gorgona de múltiples cabezas.
Y su mirada, decididamente fatal
Extinción
Firmó la sentencia sin pensar en las consecuencias de un acto que, por repetido, ya le resultaba banal.
El condenado, absorto en terminar su obra y aprovechar así el extravagante milagro concedido, tampoco lo hizo.
Pero el 29 de marzo de 1939, a las nueve y dos minutos de la mañana, no solo dejó de existir Jaromir Hladik, sino también Rothe, los soldados, el sargento... hasta la abeja y la gota de lluvia, cuando Borges, el bibliotecario ciego, estampó la palabra final de su cuento.
lunes, junio 23, 2008
Romance de estación
Ella lo observa con timidez infantil. Él devuelve la mirada con ojos de niño.
Ella señala el bolso que él acuna, del mismo color que su carterita. Sorprendidos por la coincidencia, ríen. Y atrás quedan el rugir del cañón, los trenes esperados en vano, los andenes solitarios.
-¿Cómo te llamas? –pregunta Penélope.
-Matías –responde él, tomándola de la mano.
Ya enamorados, salen a la primavera de Paso del Rey.
Joan Manuel y Víctor, curiosamente más jóvenes que sus hijos, siguen componiendo nuevas canciones, y ni cuenta se dan de su partida.
Mujer soñada
Contempla los hielos. ¿Cuántas veces los ha recorrido? Ya pierde la cuenta.
Siempre buscándola, siempre sin éxito.
De pronto, los motores callan, el hidroavión pierde altura, cae. Hay gritos, plegarias, llantos... El hombre murmura
—¿Esto es todo, entonces? ¿Moriré sin hallarla?
Recuerda el implacable azul de sus ojos, la voz que en sueños lo llama, arrastrándolo una y otra vez hacia esas tierras feroces.
La nave se estrella.
Silencio.
Oscuridad.
Cuando Amundsen despierta, ella, la soñada, lo está abrazando:
—¡Por fin llegaste, amor! —susurra la Reina de las Nieves, y lo besa largamente.
Bienvenida
-Dentre, aparcero ¿Un mate? Salen medio salaos... Tanto lo yoró la paisanada, que toda el agua ha quedaú así. ¿Anda medio perdido, no?
-Sí, no sé, yo estaba en Rosario... y de pronto... aparezco acá. ¿Lo conozco, no?
-Inodoro Pereyra, pa’ servirle. Corráse, Mendieta, pa que se siente don Roberto. Es nuestro tata, y se va a quedar con nosotros, ¿sabe? Para siempre. Cuando la gente se dé cuenta, les va a volver la alegría... el olfato me dice que les hace falta...
-¡Y a semejante nariz... habrá que creerle! ¡Qué lo parió!
De Sevilla a Boston
Se enamoró y está dispuesta a todo con tal que él también la ame.
Aunque tenga que romper con su padre para siempre. Porque Don Gustavo nunca le perdonará un cambio tan radical, está segura.
No le importa.
Al viejo le quedan sus hermanas, esas bobaliconas que siguen haciéndole caso. Cursis. Anticuadas. Mojigatas.
La onda, ahora, es otra.
Dark, gótica, tenebrosa, fatal.
Decidida, la golondrina abandona el nido, el balcón, el romanticismo...
Y, repitiendo “Never more, never more”, vuela hacia el Cuervo.
martes, junio 10, 2008
Microficciones
He subido un par de las microficciones con las que participo en el blog Químicamente Impuro, un hervidero de creaciones, mínimas solo en extensión. El desafío es escribir algo más o menos coherente, uniendo personajes de ficción y seres reales, sin exceder las 100 palabras. ¡No saben lo que nos estamos divirtiendo al hacerlo! Seguramente, aparecerán otras por acá y por allá. Y les aseguro que vale la pena que le hagan una visita...
En la ecológica Albión
El leñador alza el hacha, listo para despanzurrar a la fiera. Un grito lo detiene:
-¡Alto, monstruo criminal y deforestador!
Unos sujetos de verde, con pancartas de Greenpeace, salen de atrás de los árboles y rescatan al lobo, que los mira con ojos húmedos de agradecimiento.
El guardabosque demanda:
- ¿Tiene permiso de portación de hacha? ¿No sabe que lobos y zorros son especies protegidas? Mire, tome la multa y lárguese. Y dígale a ese Perrault que deje de mandarnos mocosos subversivos... Aquí en Sherwood, ¡nunca ondeará una caperuza roja!
JUICIO LITERARIO
-¡Su Señoría! Mi defendido, Monsieur de Hamelin, niega toda relación con el criminal. Los pequeños que él desapareció están a salvo en el Reino de la Fantasía...
-¡No, no, es su culpa! ¡Mi niñera siempre me leía ese horrible cuento! También empecé con ratas, después... ¡sólo seguí sus pasos! ¡Cualquier psicólogo se lo puede decir!- patalea Gilles de Rais.
-¡Pamplinas! ¡Que les corten la cabeza! – ruge la Reina de Corazones.
Inocente o no, con el dolor de cabeza que tiene, ¡ya no soporta más la maldita musiquita del flautista
domingo, abril 20, 2008
COMPETENCIA
Cuando me llamaron para entrenar a Robi, yo no tenía idea de que era... como es. Pero los padres querían que estuviera de diez para la competencia.
¡Pucha, el tiempo que perdí con el mocoso! Para que, a la final, mostrara la hilacha. Mi vieja decía que uno puede llevar el caballo hasta el agua, no obligarlo a beber... ¡Y qué razón tenía!
El día de la carrera se había juntado bastante público... Familiares, la mayoría. Y unos cuantos de los que organizan estas cosas para “los de capacidades diferentes”, como dicen ahora.
Ahí estaba Robi, en medio de todos los otros. Unos cuantos noteros circulaban entre los rostros repetidos, las manos ansiosas, los cuerpos sin gracia. Buscando material para el momento “tierno” del noticiero copiaban, falsificándolas, las sonrisas luminosas. ¡Habrán suspirado con alivio cuando por el altavoz anunciaron que era hora de empezar la carrera!
Un pitazo, y ahí salieron los monos, bamboleantes, risueños, saludando a la familia como si ya hubieran ganado. Robi venía bien, le había machacado hasta el cansancio lo importante que era ser el primero, ganar, ganarle a todos...
Si no hubiera sido por un infeliz que se planchó a metros de la cinta de llegada...
Fue como si al pelotón completo le hubieran ordenado detenerse, pegar la vuelta, levantarlo, limpiarle las rodillas, consolarlo... ¡Olvidados de la carrera por completo!
También Robi, perdiendo su oportunidad de ser un ganador en algo...
Y para colmo, cuando el caído volvió a sonreír como si fuera inevitable, todos, de la mano, del bracete, enfilaron para la meta y entraron juntos, pegados como siameses.
Alguien, algún otro estúpido seguro, aplaudió. Al rato cientos de palmas festejaban la ocurrencia. Y tuve que imitarlas, no iba a quedar pagando.
Ahí se quedó la copa, no sé para quién, porque no hubo modo de saber quién había ganado.
viernes, abril 11, 2008
PACIENTE AMOR
Estaban cerca, pero era como si entre ellos mediaran dos océanos, en vez de ese trozo de muro que los contenía y separaba a la vez.
Ella, a la izquierda.
Él, a la derecha.
Los dos, cautivos.
Medallones de perfiles enfrentados, ojos tendidos hacia el otro, hilvanando un puente de aire y de deseo año tras año.
Inmunes al gris de los inviernos, fríamente calmos en el sopor de los veranos, la eterna distancia los ennegrecía de penas y tiempo. En los días de lluvia, sus labios conocían, sin saberlo, el sabor del llanto que sus ojos ciegos no podían llorar.
Debajo, las persianas se abrían al abrazo del sol, para cerrarse como ojos de vírgenes prudentes cuando llegaba la noche, ebria de luna o de oscuridades.
Debajo, personas desconocidas deshilachaban sus pequeños dramas y miserias, se amaban amasando rutina y esperanza, desandaban pasillos y alegrías.
Arriba, los separados amantes nada sabían de ese latir ajeno.
Ella, plácida sibila, discurría sueños imprecisos, mientras el tiempo resbalaba sobre su perfil de camafeo.
Él, guerrero que nunca conoció Troyas ni Espartas, amo y esclavo de aquel mirar lejano, tramaba rescates imposibles, e imploraba la piedad de viejos dioses olvidados.
La casa, abajo, envejecía más que ellos, ajena a su romance sin voces.
Demasiadas veces habían rechinado sus puertas.
Demasiados soles cegado las ventanas (siempre sordas al susurro de la noche).
Los pasillos agotaron los pasos innumerables; los cuartos se vaciaron de presencias, de trabajos, de llantos y de risas...
Demasiadas vidas habían dejado sus rastros húmedos sobre las paredes, su oscuridad en los rincones, y cientos de grietas invisibles ocultaban secretos pequeños y dañinos como termitas.
Y ellos, que habían ignorado sus raíces, un día las sintieron estremecerse, heridas de muerte...
Ella hubiese querido gritar el nombre amado (que no conocía). Pero sus labios siguieron sellados.
Él ansió estrecharla contra su pecho. Pero no tenía brazos con los cuales protegerla.
Sólo pudieron mirarse con tristeza, mientras los picos se clavaban en la carne vencida de la casa.
Luego, con un estruendo polvoriento, se sintieron caer. Y una niebla áspera los envolvió.
“Amada”, pensó el guerrero, con hondo dolor sin lágrimas.
“Amado”, pensó la doncella, con la misma angustia.
Los picos quebraron el muro, separándolos.
Cada uno en su fragmento, libre.
Y también solos, por primera vez.
El cielo giró encima de ellos, mareándolos con sus aves, sus nubes, sus cambiantes colores. Aturdidos de estrellas, vieron asomar el alba, repentina y cierta como su separación.
Manos oscuras llegaron luego, para arrojarlos dentro de un recipiente junto con los otros restos de la casa.
Y así fue que la mirada de ella, ahora sin distancias, encontró la de él.
Frente a frente, sus ojos se dijeron las palabras mínimas y espléndidas que siempre reinventa el amor.
Y los viejos dioses, compasivos al fin, sonrieron mientras ellos se unían en un tardío, largo beso... El único, el primero.
JAVIER EN EL BOSQUE
Esto, en su primera versión, lo escribí en el 2004, y surgió de un intercambio entre los dibujos realizados por los alumnos del curso de ilustración que dictaba Itsvanch en el Museo de la Cárcova y los participantes del taller de Graciela Repún, entre los que me cuento aún ahora. Ellos nos dieron trabajos suyos, nosotros escribímos lo que nos sugirieron, y viceversa. Fue una experiencia muy linda, que permitió sacar a pasear la creatividad de cada quien. Me voy a permitir incluir la imagen que dio lugar al texto original (éste tiene ya varios "repasos", quiero creer que para mejorarlo), cuya autora es la ilustradora Virginia Piñón.
Javier quiere salir del bosque.
¡Es tan oscuro, frío, solitario...! Y esos árboles, que parecen estrechar sus troncos adustos, entrelazándose como enormes boas pardas, como monstruos ciegos, empeñados en mantenerlo prisionero...
Necesita salir de allí, y sus ojos buscan alguna ayuda... Tal vez un rayo de sol atrevido que perfore tanta oscuridad, un pájaro que lance la flecha de su canto hacia el horizonte invisible, o una mano que lo guíe, como las migas de Hansel y Gretel, hacia la salida.
Pero no hay sol, ni pájaro, ni mano alguna que venga a rescatarlo.
Está solo.
¿Qué será de él cuándo llegue la noche?
¿Vendrán lobos de ojos en llamas y dientes impiadosos? ¿Brujas con calderos? ¿Monstruos imposibles de imaginar?
Javier tiembla. Contagiado, también el suelo se estremece.
Si tuviera voz para gritar, Javier lo haría. Pero el miedo le aferra la garganta y estrangula el grito.
Cuando el movimiento cesa, sobre el suelo musgoso se ha abierto un hueco.
¿Puede ser la señal que espera? ¿Debe acercarse? ¿O será mejor permanecer junto a los sombríos troncos, dejándose ganar por la ilusión del sueño, hasta que lleguen la noche, los lobos, los engendros que acechan en las sombras?
No, se dice Javier. ¡No! ¡Es preferible correr el riesgo!
Sin pensarlo más, se lanza de cabeza hacia la grieta, que lo engulle como una boca ávida.
Y aunque las raíces del bosque se arquean y silban como culebras furiosas, no pueden atraparlo. Se desliza como un pez por el túnel imprevisto.
A su paso, las lombrices asustadas contraen el hilo rojo de sus cuerpos. Y en un desconcierto de patas, élitros y antenas, huyen cientos de bichos invisibles.
Un aroma a tierra recién llovida invade su nariz, mientras sigue su viaje entre centelleos y opacidades que su miedo no le permite ver.
Por fin, mareado, tembloroso, sin saber cuánto tiempo lleva ya en ese caer incierto, se atreve a abrir los ojos.
Allá, al fondo del túnel, la luz dibuja una margarita que abre sus pétalos para recibirlo.
Javier sale de la grieta, se pone en pie, observa el mundo que se curva a su alrededor...
Y ya sin miedo abre sus alas y vuela, como un pájaro, hacia el fulgor del horizonte.
Javier quiere salir del bosque.
¡Es tan oscuro, frío, solitario...! Y esos árboles, que parecen estrechar sus troncos adustos, entrelazándose como enormes boas pardas, como monstruos ciegos, empeñados en mantenerlo prisionero...
Necesita salir de allí, y sus ojos buscan alguna ayuda... Tal vez un rayo de sol atrevido que perfore tanta oscuridad, un pájaro que lance la flecha de su canto hacia el horizonte invisible, o una mano que lo guíe, como las migas de Hansel y Gretel, hacia la salida.
Pero no hay sol, ni pájaro, ni mano alguna que venga a rescatarlo.
Está solo.
¿Qué será de él cuándo llegue la noche?
¿Vendrán lobos de ojos en llamas y dientes impiadosos? ¿Brujas con calderos? ¿Monstruos imposibles de imaginar?
Javier tiembla. Contagiado, también el suelo se estremece.
Si tuviera voz para gritar, Javier lo haría. Pero el miedo le aferra la garganta y estrangula el grito.
Cuando el movimiento cesa, sobre el suelo musgoso se ha abierto un hueco.
¿Puede ser la señal que espera? ¿Debe acercarse? ¿O será mejor permanecer junto a los sombríos troncos, dejándose ganar por la ilusión del sueño, hasta que lleguen la noche, los lobos, los engendros que acechan en las sombras?
No, se dice Javier. ¡No! ¡Es preferible correr el riesgo!
Sin pensarlo más, se lanza de cabeza hacia la grieta, que lo engulle como una boca ávida.
Y aunque las raíces del bosque se arquean y silban como culebras furiosas, no pueden atraparlo. Se desliza como un pez por el túnel imprevisto.
A su paso, las lombrices asustadas contraen el hilo rojo de sus cuerpos. Y en un desconcierto de patas, élitros y antenas, huyen cientos de bichos invisibles.
Un aroma a tierra recién llovida invade su nariz, mientras sigue su viaje entre centelleos y opacidades que su miedo no le permite ver.
Por fin, mareado, tembloroso, sin saber cuánto tiempo lleva ya en ese caer incierto, se atreve a abrir los ojos.
Allá, al fondo del túnel, la luz dibuja una margarita que abre sus pétalos para recibirlo.
Javier sale de la grieta, se pone en pie, observa el mundo que se curva a su alrededor...
Y ya sin miedo abre sus alas y vuela, como un pájaro, hacia el fulgor del horizonte.
lunes, marzo 24, 2008
¡Felices Pascuas!
¡Uff, otra vez he dejado pasar un montón de tiempo sin aparecer por estos lares! Quisiera decir que no volveré a hacerlo, pero seguramente no podré evitarlo, por aquello de la fugacidad del tiempo y por cómo se escapa sin que una casi se dé cuenta... ¡hasta que mira el almanaque y empieza a preguntarse qué ha pasado con los meses que se han volado de él! De todos modos, hoy he venido a desempolvar un poco las estanterías, aprovechando la ocasión pascual y mis ganas de desearles a todos que lo pasen muy bien junto a los suyos... Un abrazo
viernes, enero 18, 2008
AMORES IMPOSIBLES
El Refrigerador, sin tomar en cuenta las notorias diferencias que median entre ambos, se ha enamorado de la Cocina.
Ella, achaparrada, morena, ardiente por naturaleza, lo mira con sus cuatro ojos abrasadores, y es fácil percibir el cálido sentimiento que esconde en su interior, en ese corazón volcánico listo para encenderse ante la menor provocación.
A él, tan alto, tan pálido, tan glacialmente serio, le cuesta revelar lo que siente. Solo de vez en cuando deja ver su luminoso yo interior. Enseguida el deber se impone y recuerda que no puede permitirse tales efusiones, volviendo a cerrarse. Tras su habitual reserva conserva un alma fresca, en la que conviven esperanzas color lechuga, materia sometida al más helado imperio, una láctea pureza monástica, un sinfín de coloridos y fragantes elementos...
De tanto pensar en ella, ya ha tenido dos cortocircuitos. La familia ha sido advertida que, de repetirse esta situación, no hay garantía alguna de que logre sobrevivir a un tercero.
Pero él no puede evitar lo que siente. Aunque hasta la pequeña Lata de Paté entienda que ese romance no tiene futuro alguno.
Como la musical Carmen, pero sin un Bizet que la inmortalice, la provocativa gitana doméstica acabaría por arruinar al ascético objeto de sus amores si llegaran a unirse alguna vez. Anulado por su abrazo, él no solo perdería identidad, sino también el trabajo que es la razón de su existencia. Incapaz de cumplirlo eficientemente, pronto habría otro ocupando su lugar. No solo en el ámbito hogareño, sino también en el afecto de la coqueta.
Aunque tal vez esto suceda de todos modos.
Según murmuran ollas y sartenes, que son quienes mejor la conocen, la muy voluble ya le está haciendo guiños entusiastas al sustituto del Viejo Calefón, el recién instalado Don Termotanque Esplendoroso.
domingo, diciembre 30, 2007
Brindo
Por un 2008 amable con nuestros sueños, por un mundo menos volcado hacia las tinieblas, por un mayor respeto hacia lo otro y lo diverso, la vida y la naturaleza, por recuperar esperanzas, ideales y los valores asociados a la palabra humano, y por tener el coraje de practicarlos cada día un poco más... ¡Feliz 2008!
Deseos
La lombriz se asomó entre la tierra húmeda., olorosa aún a lluvia.
Miró hacia arriba.
En el cielo, una nube oscura se retorcía en el viento, lombriz de humo presa en un anzuelo invisible.
-¡Lindo sería tener alas! – pensó la que nunca había dejado el suelo.
-¡Lindo sería tener anclas! – suspiró la nube maltratada, antes de deshacerse.
domingo, diciembre 23, 2007
SUEÑOS
“...te estableces en mi corazón y allí fundas tu / casa / de guacamayos blancos, viento y sal...” (Almudena Guzmán)
Yo soñaba guacamayos. Con alas enjoyadas, con penachos blancos, con picos de lacre, con garras de madera fina.
Yo soñaba casas repletas de cantos y latidos. Casas abiertas a todos los puntos cardinales, como los corazones nuevos lo están a todas las esperanzas. Casas donde los vientos hallasen cobijo pero no cerraduras, ni postigos cerrados, ni cadenas.
Yo soñaba mares de profundo jade, cerrazones azules, soles de alabastro, enjambres de estrellas tintineantes, gaviotas de ensordecedora espuma, arenas que se pudieran sembrar con huellas de enamorados...
Yo soñaba.
Ahora desperté.
Y mi canción se vuelve aullido, y la realidad aturde con su redoble.
Mi corazón ardido se apaga y, con un último siseo de agonía, enmudece.
(Imagen: The Rocker, por Ferjo, tomada de Internet)
jueves, diciembre 13, 2007
JORNADA
Pensó en los peligros del camino y tuvo ganas de volverse, pero los que venían detrás empujaban, así que siguió caminando.
Muchas cabezas caían, aleatoriamente cercenadas por cuchillas invisibles. La silueta del verdugo ominaba todo el horizonte.
Sin ocurrírsele que era inútil perder tiempo en eso, se formuló algunas preguntas; no halló respuestas confortables y siguió caminando.
Acongojado, intentó comunicarse con sus compañeros de viaje; descubrió pronto que todos hablaban un idioma distinto, aunque al principio los sonidos parecieran familiares.
Entonces, en silencio, siguió caminando.
Más tarde, elegantes monstruos de pulidos modales hurgaron en él –y en los otros- con sus ácidas, impiadosas lenguas, más y más adentro, hasta calcinar el corazón inerme.
Ahora ya sin preguntas, sin titubeos, vacío, maloliente, integrado, solo espera la bendición de las cuchillas, y sigue caminando.
(Pintura de André Langer tomada de internet)
sábado, diciembre 01, 2007
Último día perfecto sobre la tierra...
Miro el atardecer y, como siempre, me emociono con sus colores inasibles. Hoy, quizás más que nunca, porque sé que ya no habrá muchos más por delante. Para nadie.
La verdad no ha salido aún de los círculos de poder, ni creo que salga hasta que resulte implacablemente obvia.
¿Qué pueden decir los gobernantes? ¿Que ya no existirá ese futuro que tantas veces prometieron en vano? Sin la mísera ilusión del porvenir... ¡bien saben qué cabezas rodarán primero! Y así, aunque no haya escape, no quieren apresurar el tránsito. Por lo tanto, callan.
Al descubrir lo que estaba pasando creímos en alguna clase de error monstruoso, pero al consultar con colegas de todo el mundo encontramos en ellos nuestro mismo desconcierto y la misma evidencia contundente: el fin del mundo ha llegado.
¡Claro que sabíamos que eso iba a suceder! Había tantas opciones en la baraja: en primer lugar, nosotros mismos y nuestra desaprensión suicida, o tal vez un meteoro, alguna otra colisión casi impensable, o un cambio cualquiera en la inclinación del eje… ¡Oh, sí, el final tantas veces anunciado acabaría por llegar, de un modo u otro!
Pero no tanto tiempo antes, casi sin aviso, más allá de de toda suposición racional.
Pronto ya no existirán más estas nubes perezosas, ni el azul de un cielo que creímos eterno. Ni los océanos sublevados, ni esta brisa áspera que el mar arroja sobre mi rostro. Todo se perderá. Y nosotros, los parásitos, duraremos menos aún.
He dejado el observatorio. ¿Qué sentido tienen los cálculos desesperados cuando toda esperanza se revela estéril? No encontraremos una salida, no hay dónde ir, dónde ocultarse. ¿Para qué seguir oyendo los gritos que suplican soluciones mágicas?
Si algo de todo lo que hemos invertido en matarnos los unos a los otros, cada vez con más eficacia y rapidez, lo hubiésemos empleado en buscar planetas habitables, o en construir una nueva arca de Noé, tal vez un soplo, un átomo, un poco de nuestra esencia sobreviviría.
Pero no, no lo hicimos. Y un éxito atroz corona nuestra carrera: lo hemos logrado, por fin lo hemos logrado. Todos moriremos, rápida y eficientemente, cuando la furia del final nos alcance.
He regresado a casa, el lugar que me vio crecer.
Ya soy vieja y estoy muy cansada. No siento pena por mí, pero sí por lo que, pese a sus errores y horrores, la humanidad creó través de los siglos: el arte, los libros, la música… Todo se perderá, sin rastro alguno.
Y las lágrimas corren por mi rostro.
Lloro por los niños que nunca tendrán la oportunidad de crecer y equivocarse, por todas las alas detenidas, por todas las voces silenciadas, por la dolorosa belleza de este mundo condenado a desaparecer.
Más allá del ventanal completamente abierto se mece el océano; unas gaviotas sobrevuelan las crestas espumosas, giran, se alzan, descienden, en un baile tan antiguo como las olas.
La habitación está llena del sonido del agua, de los gritos punzantes de las aves, de la luz milagrosa del poniente.
Me gusta ver atardecer, mirar con los ojos entrecerrados el rostro del sol y no descubrir aún el ceño fruncido de la muerte. El paisaje es una gloria que resplandece y se duplica sobre el agua; las nubes, ahora desflecadas y violáceas, frágiles, acarician el horizonte. Una vela lejana lo fracciona.
Mañana, pasado, dentro de una semana, no sé, me sentaré en ese sillón de la galería; escucharé a Bach o a Pachelbel y me dejaré inundar por la misma tristeza premonitoria que siempre me ha provocado su música.
Beberé un vaso de agua muy fría como si fuera el licor más exquisito, tragaré determinada cantidad de pastillas.
Tal vez lamente no haber fumado nunca, supongo que podría ser un buen momento para un cigarrillo.
Y antes de dormirme, veré atardecer el último día perfecto sobre la tierra.
viernes, noviembre 30, 2007
UN ORGULLO ENORME
Es lo que siento, pues en los primeros días de diciembre saldrá a la venta la antología Grageas.Cuentos breves de todo el mundo, de la colección Desde la gente, donde no solo tengo la alegría de que figure un cuentito mío, sino también la de compartir espacio con muchísima gente talentosísima, varios de ellos objeto de mi admiración durante el tiempo en que solo era una lectora ávida y ni soñaba con algo como esto. Y como si eso fuera poco, la tapa (que reproduzco) ilustrada por un artista como Nine... ¿se habrá adelantado Navidad? Porque me parece que mi regalo... ya lo recibí.
domingo, noviembre 25, 2007
OSCURIDAD
La anciana ha velado toda la noche, rechazando la oscuridad –ladrona oscura, oscuro lobo, espanto oscuro -, toda esa negrura que empuja desde afuera, queriendo devorar puertas, techos, sueños, cuerpos dormidos.
En el pueblo no saben, ni sabrán hasta que sea tarde, cuando ella ya no esté para cuidarles el sueño con su insomnio, cuando su ventana, ese ojo sin párpados, ese puñal de oro que aún mantiene a raya a la fiera, se apague.
El sol, desganado, bostezando sobre despojos sombríos, llega a relevarla. Entonces, con un suspiro, ella apaga su lámpara y, finalmente, duerme.
domingo, noviembre 11, 2007
PALABRAS VUELAN
Yo tengo una palabra preferida, mía, secreta.
No sé qué quiere decir, pero cuando la pienso la boca se me llena de verde, y me parece que oigo volar pájaros, y que un sol cobre, como una hoja de otoño, me acaricia los ojos.
Pero cuando quiero soltarla no me dejan.
Se ponen el dedo sobre los labios, o sacuden la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, o dicen que no hay que perder el tiempo con tonterías, repitiendo palabras que no sirven para nada, palabras que no compran, ni venden, ni señalan.
Palabras inútiles.
Hay que ser prácticos, me dicen, y obedientes.
Aprender que en el mundo no hay lugar para mis palabras, que ya hay demasiadas, dando vueltas por ahí.
Nadie necesita que yo pronuncie ninguna.
El silencio es salud, es oro, en boca cerrada no entran moscas, eso me dicen.
Y algunas otras cosas por el estilo.
Y hasta ayer yo bajaba la cabeza, obedecía, callaba.
Me tragaba las letras una a una, como si fueran piedritas grises, semillas secretas... Porque soy muy chica.
Porque temía a los dedos que silencian, a las cabezas que niegan, a las manos que no vacilarían en taparme la boca.
Pero hoy amanecí distinta, no sé por qué.
Y siento adentro algo así como unas cosquillas, un temblor de alas...
Me miro en el espejo y tengo los ojos llenos de pintas verdes y doradas, y en la piel un brillo que me ilumina desde adentro.
Algo quiere salir de mi boca, se apropia de mí con su propia prepotencia.
Es rebelde, poderoso, invencible como el amanecer.
Mis labios se abren y una luz acuática brota, se expande... Envuelta en ella, mi palabra se hamaca en el aire, abre las ventanas, se hace trino, nube, globo de colores. Sube, vibra, sueña, deshace el gris. Ignora las rejas, vuela.
Me asomo y veo florecer dedos y rostros, las cabezas antes gachas se alzan, el sol está alegre como una campana.
Y todas las bocas se abren, y todas, todas las palabras prisioneras vuelan, sueltas, leves, libres al fin
martes, noviembre 06, 2007
EL QUE CREA
Solo, en medio de la oscuridad y el silencio, está él.
Sabe que existe, más no bajo qué forma; entre tanta negrura, no alcanza a imaginar siquiera donde empieza lo que no le pertenece.
Como alguien dirá en otro tiempo, que ya se está gestando, "pienso, luego existo".
Y él piensa. Es su único asidero en el vértigo de la ignorancia.
Aunque el pensamiento aún sea, apenas, la sombra de una idea, una luciérnaga tímida que lucha, esparciendo su luz entre el caos y la nada.
Él se aferra al rescoldo que tal vez lo salve, lo acuna; con su empeño le da fuerza, la idea resplandece, aparta las tinieblas.
La luz irrumpe, incandescente, y por un momento, lo ciega.
Pero en ella se reconoce, se asume, se delimita.
El universo fluye de sus manos, ruedan soles y planetas, los árboles elevan sus arquitecturas de esperanza, una febril respiración lo envuelve todo.
Tierras y mares se separan.
Él juega. Se sueña poderoso.
Inventa monstruos y los aniquila con la misma despreocupada alegría. Experimenta.
Y acaso enloquece un poco.
La soledad aún lo abruma. ¿Quién apreciará su obra?
Sus criaturas innumerables pacen, despreocupadas, básicas; en su simpleza, no lo reconocen, no lo aman, no lo temen.
Y él necesita todo eso.
Sin un espejo, ¿cómo saber que existo?, se pregunta.
¿Cómo puede saber que no se imagina a sí mismo, que no es solo un patético engaño de su pensamiento?
Una vez más, casi al borde del antiguo abismo del que ha salido, crea.
Y en la adoración y el temor de los hombres, Él es.
NÉMESIS
Los hombres pensaron crear un monstruo para tenerlo a su servicio.
Y así lo hicieron.
Cuando desplegó sus alas llameantes se regocijaron, felicitándose por lo letal de su mordedura, lo mortal de su caricia.
Luego, satisfechos, lo enjaularon. Nadie podría desafiarlos, ahora que tenían tanto poder a su servicio.
Sin embargo, un día creyeron llegado el momento de usarlo.
Porque allí estaban los enemigos, los insolentes, los peligrosos, los traidores.
Otros hombres, en suma.
Que también habían fabricado su propio monstruo. Otra fiera de alas ardientes y fauces abrasadoras.
Entre gritos de amenaza y promesas de triunfo, ambas jaulas fueron abiertas.
Los dragones parpadearon bajo el sol. Sus cuerpos brillaban con una luz siniestra y cegadora mientras salían, lentamente, de su encierro. Cuando abrieron las alas y alzaron vuelo, el corazón de los hombres diminutos se oscureció de súbito temor. Pero la arrogancia siguió hablándoles al oído, tranquilizándolos. Y aguardaron, con el aliento en suspenso, el resultado de la confrontación, cada bando seguro de su propio triunfo.
Ajenos a todo, libres por fin, los monstruos se encontraron en lo alto, sobre las ciudades insignificantes, sobre el damero multicolor de los campos, bajo la espuma hirviente de las nubes.
Y se descubrieron bellos, terribles, deslumbrantes.
Las nubes ardieron, los campos amarillearon como hojas de otoño, las ciudades se volvieron de arena y humo, los hombres gritaron con una sola voz de espanto mientras eran borrados por vientos impiadosos.
Los dragones, a su modo atroz, se amaron, olvidados de las criaturas que los habían engendrado, de la misión que les habían propuesto.
En su duplicado abrazo de fuego toda vida fue aniquilada.
Ahora, las cenizas del mundo les pertenecen.
Juntos reinan, por siempre, sobre sus ruinas.
viernes, noviembre 02, 2007
HUMO
- Él te está fumando a vos -le decía yo siempre.
Pero no me hacía caso, y seguía prendido al pucho, igual que si fuera la teta de la vieja cuando era un crío.
De todos modos, yo tampoco me esperaba esto, pienso, mientras miro la sopa que se enfría, y en la que flota un poco de ceniza. Que no sé si es del cigarrillo o del hombre que se hizo humo frente a mis ojos.
Imagen: J.Hebuterne (A. Modigliani)
CONVIVENCIA DIFÍCIL
He decidido no dejarme llevar más por la imaginación. Confieso que me cuesta un poco ignorar las cadenas que los fantasmas dejan en el paso, esquivar los monstruos agazapados en los rincones oscuros, no llevarle el apunte a los asesinos ocultos tras las puertas.
Por suerte, los reptiles, desde que les hice un lugarcito en el freezer, están letargueando lo más panchos, y gracias al dragón, aunque cada dos por tres me chamusque las cortinas, ahorro bastante en calefacción.
El problema más serio lo tengo con las cucarachas – de algún modo tengo que nombrarlas - pero, según mi vecina, eso le pasa a todos en el barrio desde que pusieron el frigorífico en la otra cuadra.
Lo que no sé, y no me atrevo a preguntarlo, es si alguna de las que habita con ellos dice llamarse Gregorio Samsa y tener veleidades literarias.
domingo, septiembre 09, 2007
Nuevo link
Acabo de añadir el blog (¡flamante!) de Fernando a los links de Mis amigos. Sí, porque además de ser mi hijo, creo que también somos eso, en parte por compartir chifladuras semejantes, pero también por muchas otras razones. Que sea una persona maravillosa es solo una de ellas. Creo que vale la pena visitarlo(bueno, eso con todos los linkeados, claro. Ahí puso dibujos que hizo para un cuento mío ("Lali dice"), inédito aún. Les adelanto uno de ellos. Que lo disfruten.
viernes, septiembre 07, 2007
ARIADNA II
Aquella mujer estaba sola. Pero llena de palabras. Tantas, que le reventaban las costuras del alma.
Las palabras querían nacer. Y empujaban, atropellándose en su garganta, trepándosele por la lengua, golpeándole los dientes.
Pero ella apretaba los labios y las tragaba de nuevo, encerrándolas en algún lugar del cuerpo por un tiempo más. No era fácil.
Furiosas, le arañaban los pulmones, le mordían el estómago, le clavaban las uñas en el costado izquierdo del pecho. Las sentía revolverse como un manojo de culebras. Arder como un montón de brasas. Pesar como racimos de guijarros.
Y en las noches, cuando el sueño la vencía, se deslizaban por su boca entreabierta, y volaban, polillas encendidas, buscando donde hacer nido.
A veces su revoloteo la incomodaba; entonces se agitaba, intranquila, sin llegar a despertar del todo. Las palabras fugitivas se quedaban muy quietas, aguardando...
Y cuando ella se entregaba de nuevo al sueño, que aflojaba las cerraduras de su boca, salían de puntillas, con pasos de duende; un hilo de oro, un rocío de estrellas que huía, veloz, por todas las rendijas de la casa.
La mujer no callaba por gusto. Pero le habían enseñado que solo los locos hablan solos. Y ella, que tan sola estaba, ¿a quién iba a hablarle?
No quería como compañera a la locura, esa vieja desgreñada y hostil.
Por eso apretaba los labios y soportaba las torturas inflingidas por las palabras prisioneras.
Volando sobre el tapiz de la noche, las palabras chispeaban sobre los techos dormidos, sobre las terrazas donde los gatos se amaban ruidosamente, sobre los charcos de luna estancada.
Buscaban, buscaban siempre, el oído dispuesto a recibirlas.
Una madrugada vieron aletear unas cortinas. Como esas banderas que usan los marinos para comunicarse, las llamaban, les hacían señas...
En remolino, la bandada giró sobre la casa, ese diente solitario en la boca oscura del campo.
Atropellándose, entraron por la ventana abierta.
Sobre la cama, un hombre dormía.
Curiosas, le miraron el perfil de niño viejo, el rostro indefenso.
Le acariciaron el pelo con ternura de madre y las manos con ansias de amante. Le rozaron los labios, temblando con su aliento. Luego, con suavidad, comenzaron a deslizarse en sus oídos.
El sueño del hombre se llenó de un paisaje desconocido, con una casa pequeña y blanca acurrucada al pie de unos cerros multicolores, junto a las ramas sedientas de un árbol agobiado de estrellas.
Y en la casa había una mujer.
Tenía los labios florecidos de palabras y, tras los ojos cerrados, una promesa de amor.
El hombre despertó rodeado de alas invisibles y susurros brillantes. Sentía una renovada tibieza en el pecho, junto al corazón, allí donde había guardado el rostro de la bella durmiente.
Y por un momento, creyó que un millar de luciérnagas había invadido el cuarto solitario.
Las palabras, desovillando su leve madeja de oro, le señalaron el horizonte, lo tomaron de las manos, le prestaron sus alas.
El hombre sonrió, lleno de su luz.
Luego, se puso en camino.
Amor de raíz y alas
Él está lejos. Y el amor y la distancia le duelen en todo el cuerpo.
De tanto nombrarla, a su voz le nacen alas. Y así el corazón se le vuelve pájaro.
Ella se muere de ausencia. En las noches cree oírlo, llamándola.
Pero el alba le devuelve la tristeza del lugar vacío sobre la cama en duelo.
Tal vez por tanto esperarlo, el alma se le vuelve raíz. La esperanza la llena de ramas, y en las ramas hay hojas. Como corazones verdes, suspiran en la brisa.
Voz y corazón alados vuelan sobre desiertos hambrientos, que tratan de deslumbrarlos con sus cristales de oro. Pero ellos ignoran sus brillos áridos, seguros de que ahí no hay nada que pueda calmar su sed de ella.
Mares de jade los llaman con voces de sirena y manos de espuma. Pero la roja flecha solo tiene oídos para la voz pequeña, casi inaudible, que tiembla más allá del horizonte.
Cruzan montañas que acunan hielos en sus cimas. Hielos que no saben de amores ni tristezas, hielos silenciosos, dormidos en un sueño de agua aún no nacida.
Cruzan bosques donde el musgo reina y selvas de orquídeas agobiantes.
Su sombra frágil tiembla sobre ciudades erizadas de hierros y cemento, sobre pueblos blancos, sobre techos rojos.
Escapando de águilas y halcones, agradecen la ayuda de los vientos compasivos que les son favorables.
Una mañana ella, entre lágrimas verdes, ve llegar un ave en llamas. No la reconoce hasta que oye su canto.
Porque el canto es su nombre..
Entonces alza las ramas llorosas, y todas sus hojas bailan para recibirlo.
Y el corazón, fatigado pero feliz, anida en ella.
jueves, septiembre 06, 2007
Fernando
Mi segundo hijo (por orden de aparición, solamente),ha hecho un dibujo que quiero compartir, porque me parece que vale la pena. Siempre me encanta su trabajo, y esta vez más aún, porque se inspiró a partir de mi cuento de la sombra. Creo que no me equivoco al elogiarlo, y que no es solo la chochera materna lo que motiva mi juicio. ¿No les parece muy bueno?
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