Había una vez un amor empeñado en ser eterno. Romeo y Julieta dieron la vida para demostrar que eso era posible. La mayoría prefiere amores menos exigentes.
"Pero no todo está dicho - dijo ella - porque las palabras son la sombra y la luz de las cosas, y las cosas no son, sino que van naciendo y siendo." A. Gorodischer. Kalpa Imperial. Libro II. El Imperio más vasto.
jueves, septiembre 18, 2008
Había una vez un amor...
Había una vez un amor empeñado en ser eterno. Romeo y Julieta dieron la vida para demostrar que eso era posible. La mayoría prefiere amores menos exigentes.
jueves, septiembre 11, 2008
Predestinación
James Parker siempre había sido un devoto lector de Poe.
Una admiración imprudente hizo que nombrara a sus hijas Berenice, Ligeia, Rowena y Madeline. Y que, cuando finalmente llegó un varón, tuviera la poco feliz idea de llamarlo Richard.
La historia no registra cuál fue el destino de las mujeres. Pero sí la serie de desdichadas coincidencias encadenadas al nombre del muchacho.
Cabe preguntarse si no había algo de Cronos en ese padre. Porque, como si no hubiera bastado bautizar así al chico, lo indujo a seguir la carrera de marino.
Así fue que un mal día el grumete Parker se vio en la misma situación que su homónimo, el joven tripulante de Las aventuras de Arthur Gordon Pym.
No ha podido saberse si los tres hombres que se lo comieron eran también fanáticos de Poe.
Estatua de sal
Ya están a salvo.
El hombre, flanqueado por sus hijas, camina pensando en los sucesos recientes. Lo ha perdido todo, pero al menos vive. No pueden decir lo mismo las ciudades pecadoras, convertidas en cenizas a sus espaldas.
Un verdadero desastre.
Solo una cosa buena ha salido de tamaña desgracia: librarse de la pesada de su mujer.
Bien sabía él, tras haber convivido tantos años con ella, qué decirle para lograr su cometido.
Y lo dijo.
- Querida, ¡ni se te ocurra mirar para atrás, ¿eh?!
Ella, siguiendo su habitual impulso de llevar la contra, lo hizo.
(Imagen: Mujer, de René Magritte)
Monstruos
Cuando Jonathan Swift describió los satélites de Marte, allá por el 1726, los lectores lo tomaron como una de sus tantas fantasías. Igual que los seres ciclópeos que, según él, habitaban el planeta. Muchos años más tarde, los científicos descubrieron, asombrados, que los satélites existían, y que las medidas en cuanto a distancias y proporciones eran correctas. Quizás fue esa extrañeza la que hizo que los llamaran Espanto y Terror. Que eso es lo que Fobos y Deimos significan, como cualquiera sabe.
Los cíclopes, por lo demás, siguen siendo catalogados como un desborde imaginativo del irlandés.
Lo que hace muy felices a los marcianos, ocultos en sus bellas ciudades subterráneas. Tiemblan de horror de solo pensar en que los monstruos de dos ojos los descubran.
El silencio de las sirenas
martes, septiembre 02, 2008
Antecedentes
Vino a buscar trabajo. Al parecer, una revolución en su país lo había destronado. Apenas si pudo salvar la cabeza.
Lo que no era mucho. Porque no sabía usarla para nada, el inútil.
Al final, muerto de hambre, apareció por la agencia.
Justo tenía el papel para él: volvería a ser rey, pero en un tablero gigante de ajedrez, montado para una Exposición Universal de Juegos.
Lástima que no dijo una palabra, el muy cretino, acerca de las circunstancias que rodeaban su ascenso al trono, ni de caducidades anexas a su derrocamiento..
Ahora tengo una demanda de los organizadores del evento, por haberles mandado un tipo que, en medio del espectáculo, se les había convertido en sapo.
Fagocitosis
Los sillones siempre tienen hambre de compañía.
Blandos, amables, aparentemente inermes, invitan a un inocente momento de reposo.
Sin embargo, quien cede a su llamado es inoculado con alguna sustancia, indetectable hasta hoy, que le impedirá alejarse del nefasto abrazo. Por lo general, el sujeto pierde poco a poco toda movilidad, volviéndose apático y pasivo.
Con el tiempo, la bestia logra una simbiosis perfecta con su presa, haciendo difícil, cuando no imposible, individualizarla. Solo algún parpadeo ocasional permite detectar la presencia del cautivo.
Astutos, sillones y sofás suelen cazar en yunta con otros entes, los thelevisorum cretiniensis, temibles devoradores de neuronas.
Dicha asociación, aunque sumamente provechosa para ambos depredadores, resulta fatal para sus víctimas.
domingo, agosto 24, 2008
Atrapado sin salida
Por tu causa, estoy condenado a repetir esta absurda ceremonia para siempre.
Además, para empeorar la cosa, una corte de imitadores y reformuladores multiplica tu incordio en miles de variantes, sin que ninguna me exima de esta obligación original.
¡Y no tengo siquiera la esperanza de la extinción que hace rato alcanzó a mis congéneres de carne y hueso! Porque, es sabido, la literatura nos vuelve eternos, ¿no es así?
Pregunto... ¿para qué quiere nadie una eternidad así?
Estoy harto de esperar aquí, al pie de la cama, a que el imbécil durmiente abra los ojos y me vea, igual que cada día, y entonces recite otra vez la letanía, aquella, tu famosa frasecita del demonio...
¡Maldito seas, Monterroso!
Cruces y espadas
Alguien encontró un mundo que, al menos para sus ojos, era nuevo.
Le pareció tan bello que pensó haber hallado, si no el Edén, al menos otra versión del mismo.
Otros dijeron que se engañaba, que en esa tierra de paganos moraba Satanás, y que todo lo que allí se admiraba era su obra, un puro engaño de los sentidos y la razón.
Pero apostaron que, a fuerza de cruces y oraciones podrían salvar muchas de esas almas condenadas.
Para aquellas más díscolas y renuentes, siempre quedarían el fuego y la cruz de las espadas.
Los salvados aseguran de que fue con esos hombres que llegó el infierno.
miércoles, agosto 20, 2008
Última cena
La comida huele bien, y ella está casi contenta.
Ha llegado el momento. Hoy, cuando su Dani hubiera cumplido años. Ahora tendría algo de panza, menos pelo, algunas arrugas... Sí, ya no se vería tan joven como en la foto que atesora.
Siente los pasos del viejo, su tos seca, el arrastrar de una silla.
Vuelve a verlo como era entonces, tantos años atrás.
Sin vacilar, un plato tras otro, sirve la cena.
Él come en silencio, como siempre.
Y ella se pregunta cuánto tardará en hacer efecto el veneno, y cuando sacará la foto de su hijo del bolsillo, para que el ex torturador la vea y sepa por qué lo están matando.
Desbande
lunes, agosto 18, 2008
Tejidos
Procura mezclar los hilos de forma proporcionada, para que su obra no se agobie de oscuridades, ni resulte tan sosa que aburra.
Pero los años no vienen solos. Su vista no es la de antes, y sin darse cuenta confunde los colores.
La urdimbre pierde su equilibrio, quien la carga padece como Job, o parece bendecido por los dioses. La injusticia solivianta los ánimos, las quejas se multiplican...
Hartas de reclamos, sus hermanas le compran un par de anteojos.
La menor de las Parcas ya no podrá justificar los errores de sus tramas.
martes, agosto 12, 2008
Extrañezas
No era un ángel, pero tenía alas.
Aunque no las usaba siempre.
Para poder levantar vuelo debían darse una serie de confluencias, una suma de circunstancias.
La luz era el factor más importante.
Sin embargo, muchos de sus mejores vuelos habían empezado en la oscuridad más absoluta.
Y la luz, entonces, nacía de sus propias alas.
(Imagen: "Vuelo", de Noel del Rosal Ortiz)
Cambios odiosos
Ella se peinaba frente al espejo.
Él, mientras se vestía, le dijo que no iba a volver nunca más, que lo de ellos terminaba allí, que ese era el punto final.
No debió hacerlo.
Los oscuros cabellos de la amante dejaron de ser la suave cascada que él tantas veces había acariciado; aquellos que había atrapado el cepillo se desprendieron de él, siseando con furia, y un hervidero de víboras comenzó a treparle por las piernas.
El hombre ni siquiera pudo gritar.
La mirada de ella, abandonando el espejo para clavarse en él, lo convirtió en piedra.
Agnus Dei
El sacerdote acababa de terminar la ceremonia cuando una extraña voz viajó hacia las alturas, junto con el aroma del sebo y las demás ofrendas que ardían en el altar:
- Si Dios ama por igual a todas sus criaturas, como siempre dicen, ¿por qué evitó la muerte del hijo de Abraham, pero nunca interviene para salvar a los míos? –balaba tristemente la oveja, ante el cadáver del cordero recién sacrificado.
martes, agosto 05, 2008
DESVARÍO
Igual que Ulises, se hizo atar de modo que le fuera imposible entregarse al canto de las sirenas.
Como él, luchó por zafar de sus ataduras mientras las voces dolorosamente bellas lo llamaban.
Y él tampoco pudo lograrlo.
Tal como la nave griega, también la suya se alejó, poco a poco, de aquél sonido sublime, hasta que solo fue un deseo anclado en la memoria.
A diferencia de su insensible predecesor, vuelto a Itaca y a los pacientes brazos de Penélope, él, desesperado, vaga desde entonces por un vasto océano silencioso, buscando reencontrar aquella música.
SILENCIOSAMENTE
Años acostumbrándose al silencio, a bajar los ojos, a hacer todo como él quiere. Años. Una vez se fue, él la trajo de vuelta.
A golpes.
Desde entonces, nunca más.
Porque sabe que la va a encontrar siempre. Como el perro que es.
Y está cansada. Harta de tener miedo, de temblar cada vez que se le acerca, de adivinar cuándo llegará el próximo puñetazo, la patada, el sopapo casi ritual.
Una noche, mientras él duerme la borrachera, ella, silenciosamente, se levanta, se viste.
Luego, silenciosamente, va a la cocina y abre las llaves del gas.
Sale de la casa silenciosamente.
Respira hondo el aire callado de la noche y, siempre en silencio, enfila para la estación.
Imagen: Pablo Picasso
EN CASTALIA
Allí están. Y uno, esperando mientras las señoritas se divierten.
¡Embobadas con ese músico de cuarta! ¿Que el tipo es todo un apolo? ¡Bueno, que se quede en el Olimpo y deje que un pobre mortal se las rebusque!
Pero se ve que al chabón le gusta ver a todas las ninfitas mirándolo con ojos de carnero degollado.
En cuanto termine el recital me van a oír... ¡Tarambanas!
¡Que no empiecen las trillizas con los versitos, que me muero de aburrimiento...!
Euterpe ya agarró la flautita, Erato, la lira, Cali desenrolla el pergamino...
¡No, no! ¡Basta de joda, chicas, a laburar!
¿Qué piensan que puede hacer un escritor con unas musas así de irresponsables?
jueves, julio 31, 2008
Delirantes
La niña ya está un poco cansada de los cambios que viene sufriendo desde que cayó en ese lugar. De pronto, un enorme insecto aparece ante sus ojos. Está a punto de salir corriendo, pero una voz de raro acento le suplica
- ¡Ayúdame, por favor! Estoy tan confundido...
Se detiene. ¿El bicho habla? Bien, ya vio tantas cosas inexplicables, que una más...
- Dime, ¿qué hace una pequeña como tú en un lugar como éste?
- Soy parte de un cuento – responde Alicia educadamente
- ¡Un cuento! – exclama el insecto - Gracias, pequeña, creo que ahora entiendo ¡Es el delirante de K, que otra vez anda haciendo de las suyas!
(Imagen Metamorfosis, de Fernando Falcone)
CREACIÓN
No sé si hicimos bien en regalarle a nuestro hijo ese juego...
Parecía divertido, al principio. Y también útil. Educativo...
“Arma tu propio universo”. ¿No suena interesante?
Un lindo modo de conducirlo por el camino de la ciencia, pensamos.
Pero ahora estamos preocupados.
Hace casi una semana que está encerrado en su cuarto. Cada vez que lo llamamos, dice que está demasiado ocupado, que lo dejemos tranquilo, que él sabe lo que hace.
No estamos tan seguros, sin embargo. Hace un rato, nomás, dejó sin luz a todo el barrio...
Por suerte, logramos que nos prometa que mañana, domingo, dejará el bendito juego de lado y descansará como se debe.
A SALVO
El oriental interpretó correctamente el gesto que la Muerte había hecho al verlo. Por eso, canceló el viaje y se encerró bajo siete llaves.
Ella, por supuesto, no se iba a dar por vencida por tan poca cosa. Nunca la habían detenido puertas ni cerrojos, y su record mostraba muy pocos fracasos, a la larga siempre redimibles.
Pero él tenía un as en la manga. Y cuando la sintió aproximarse, azuzó al perro contra ella. Mientras el Mastín que había obtenido de los Baskerville se entretenía con la huesuda, pensó en su Buenos Aires, y en cuando lo volvería a ver
Dicen que se ha vuelto inmortal y que cada día canta mejor.
martes, julio 22, 2008
Riesgo
Nunca jugó, por temor a ensuciarse o lastimarse.
Nunca se enamoró, por temor a que lo hicieran sufrir.
Nunca voló ni navegó, por temor a que el avión cayera o el barco naufragara.
Construyó una caparazón, invisible pero efectiva, para protegerse de todo.
El tiempo acarreó soledad y aburrimiento.
Vio pasar a la Muerte muchas veces. Pero ella nunca se le acercó.
Ya era muy viejo cuando decidió preguntarle si su hora estaba cerca.
Estaba solo, con frío, el cuerpo le dolía por todos los costados, y hacía mucho que nada parecía tener sentido.
La Muerte lo miró con sorpresa.
- No puedo llevarte – dijo- solo vengo por los vivos...
Y partió, sola.
Para mí, el Caos
Sumerge la pajilla en la mezcla; después la alza y sopla.
Una serie de burbujas multicolores flota en la luz, danzan, giran, derivando en el espacio con misterioso orden.
Una a una, las reviento.
Él, incansable, sigue creando sus universos, esos frágiles sistemas planetarios.
Yo, igualmente empecinado, seguiré destruyéndolos.
NEOBESTIARIO
Muerta de risa, mi nieta se empeña en unir equivocadamente las piezas del juego didáctico.
La tiene sin cuidado la lógica, y junta la figura de un perro con la leyenda “Tiene grandes cuernos”. No conforme, añade debajo otra que asegura “Sale cuando llueve”.
Un nuevo bestiario medieval, surgido de esas pequeñas manos tiranas, se desparrama sobre la mesa del comedor, torciendo el rumbo de cualquier evolución natural.
Más tarde, me cercioro de cerrar bien todas las puertas y ventanas, me tranquilizan las rejas y cerrojos.
Temo que, cuando empiece a llover, la bestia cornuda o cualquier otro de los recién nacidos monstruos (que ya rondan por la calle), logre entrar en nuestra casa.
domingo, julio 13, 2008
HARTAZGO
¿Hasta cuándo este calvario? Muy bonito esto de la magia, muy creativo, sí, ¡pero tiene sus bemoles, no crean! Sobre todo si uno cayó en manos de una narcisista obsesiva como esta... Yo, que podría dar respuestas a todo, estoy obligado a contestar una sola pregunta, siempre la misma, sí, como lo escuchan, todos los días de la semana... ¡No, qué franco ni franco, estamos en el feudalismo todavía, y falta un rato largo para lo de las conquistas sociales...!
Pero esto acaba con la paciencia (y el azogue) de cualquiera...
¿No les dije? ¡Ahí viene la bruja y su famosa preguntita! ¡Sí, sí, ya voy...!
“¡Espejito, dime hoy / si la más hermosa soy!”
Fruto amargo
No contenta con habernos hecho expulsar del Paraíso, la pérfida manzana aguardó pacientemente la llegada del pensador, para atacarlo de improviso.
Lo demás es conocido: Newton descubrió la Ley de la Gravedad.
Desde entonces, perdimos también la capacidad de volar, abrumados por el peso de tan grave legalidad.
EL BUEN LADRÓN
En vida, cometió todos los pecados contabilizados, y hasta añadió algunos, de su propia cosecha, a la pesada losa mosaica.
Cuando murió hubo quien, preocupado por el alma inmortal que sufriría los peores tormentos del infierno, sufragó misas y realizó generosas donaciones en su nombre.
Fue una lastimosa pérdida de tiempo y dinero.
Todos sus esfuerzos llegaron tardíamente.
Porque tras muchos años de latrocinio, y gracias a su maestría en las malas artes, no había puerta que el réprobo no fuera capaz de abrir.
Ni siquiera las del Paraíso.
Incrédulos
- ¡Es un ángel! – decían los parientes.
- ¡Es un ángel! –repetían los vecinos.
- ¡Verdaderamente, un ángel! – coreaban amistades, compañeros de la Facultad y simples conocidos.
Los científicos nada han dicho aún.
La han encerrado en un laboratorio, le cortaron las alas, la someten a toda clase de experimentos espantosos, devorados por el ansia de clasificar semejante espécimen de la manera más correcta y apropiada.
miércoles, julio 02, 2008
Concierto
El día de su primer concierto tuvo sufrimientos extraños: se le hincharon piernas, rostro, vientre...
A último momento debió alquilar un traje, ya que la creciente desmesura de su abdomen le impedía vestir el suyo, esperanzadamente nuevo.
Su madre, esgrimiendo justificaciones sicosomáticas, le cedió un par de Valiums.
Así, soñoliento y distante, pudo observar con cierta ecuanimidad la expansión sin pausa de su barriga; y a pesar de las náuseas insolentes, ni pensó en cancelar la presentación.
A la hora señalada, sintiéndose ridículo, ajeno a su cuerpo, aturdido aún por los sedantes, se sentó al piano.
Y entonces dio a luz la música.
CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO...
Dios, aunque sea para desmentir a Einstein, sí juega a los dados con el Universo. Con algo tiene que entretenerse.
Pero ese no es el problema. El viejo sabe bien cómo tirarlos.
Tampoco hay que preocuparse porque el Otro, (ya saben de quién hablo), sea un excelente jugador de truco, poker y similares.
Porque los puros y temerosos huyen de semejantes vicios. Y los que no, tan tramposos como él, van con las cartas marcadas. Además, si pierden, siempre se puede decir “¡allá ellos!”
El verdadero problema, lo que no nos deja dormir a la noche, es que a la Humanidad le encanta jugar a la ruleta rusa.
Imagen: Alberto Molina Navarrete (tomada de Internet)
BOOMERANG
Los miré pasar, inmóvil como una planta, maravillado por el orden aparente, la cruel eficiencia, su organizada crueldad.
El jardín languideció bajo sus pasos, antenas pavonadas cuadriculaban el aire.
No quise (o no supe) defender los pétalos ajusticiados, las semillas desarraigadas en la oscuridad, el verdor de las hierbas...
Callado, observé el proceso atroz. Cerré los oídos al silencio que gritaba, cerré la boca. Solo miraba, vegetalmente sumiso y mudo.
Hasta que el jardín fue una espinosa desolación (huesos insepultos, tierra arrasada, cielo sin alas).
Y ya no hay qué mirar.
Sólo quedamos ellos y yo.
De tanto callar, ya no tengo voz.
Y ellos... aún tienen hambre.
ASIMILADO
miércoles, junio 25, 2008
Iluminación mortal
Entró en la cueva, seguro de haberla visto deslizarse en ella.
Había perdido la cuenta de las veces en que creyó haberla atrapado.
Un engaño, por supuesto. El oro de su hallazgo pronto revelaba su alma de arena y, proverbial, se le escurría entre los dedos.
Ahora, casi al final de su vida, no podía equivocarse.
La sombra difusamente entrevista debía ser lo que buscaba. Él tenía que ver el rostro enceguecedor antes del final.
Un indeciso resplandor iluminaba la caverna.
Y ella estaba allí.
Para verla al fin en toda su gloria, la enfrentó.
Y entonces lo descubrió: la Verdad era una Gorgona de múltiples cabezas.
Y su mirada, decididamente fatal
Extinción
Firmó la sentencia sin pensar en las consecuencias de un acto que, por repetido, ya le resultaba banal.
El condenado, absorto en terminar su obra y aprovechar así el extravagante milagro concedido, tampoco lo hizo.
Pero el 29 de marzo de 1939, a las nueve y dos minutos de la mañana, no solo dejó de existir Jaromir Hladik, sino también Rothe, los soldados, el sargento... hasta la abeja y la gota de lluvia, cuando Borges, el bibliotecario ciego, estampó la palabra final de su cuento.
lunes, junio 23, 2008
Romance de estación
Ella lo observa con timidez infantil. Él devuelve la mirada con ojos de niño.
Ella señala el bolso que él acuna, del mismo color que su carterita. Sorprendidos por la coincidencia, ríen. Y atrás quedan el rugir del cañón, los trenes esperados en vano, los andenes solitarios.
-¿Cómo te llamas? –pregunta Penélope.
-Matías –responde él, tomándola de la mano.
Ya enamorados, salen a la primavera de Paso del Rey.
Joan Manuel y Víctor, curiosamente más jóvenes que sus hijos, siguen componiendo nuevas canciones, y ni cuenta se dan de su partida.
Mujer soñada
Contempla los hielos. ¿Cuántas veces los ha recorrido? Ya pierde la cuenta.
Siempre buscándola, siempre sin éxito.
De pronto, los motores callan, el hidroavión pierde altura, cae. Hay gritos, plegarias, llantos... El hombre murmura
—¿Esto es todo, entonces? ¿Moriré sin hallarla?
Recuerda el implacable azul de sus ojos, la voz que en sueños lo llama, arrastrándolo una y otra vez hacia esas tierras feroces.
La nave se estrella.
Silencio.
Oscuridad.
Cuando Amundsen despierta, ella, la soñada, lo está abrazando:
—¡Por fin llegaste, amor! —susurra la Reina de las Nieves, y lo besa largamente.
Bienvenida
-Dentre, aparcero ¿Un mate? Salen medio salaos... Tanto lo yoró la paisanada, que toda el agua ha quedaú así. ¿Anda medio perdido, no?
-Sí, no sé, yo estaba en Rosario... y de pronto... aparezco acá. ¿Lo conozco, no?
-Inodoro Pereyra, pa’ servirle. Corráse, Mendieta, pa que se siente don Roberto. Es nuestro tata, y se va a quedar con nosotros, ¿sabe? Para siempre. Cuando la gente se dé cuenta, les va a volver la alegría... el olfato me dice que les hace falta...
-¡Y a semejante nariz... habrá que creerle! ¡Qué lo parió!
De Sevilla a Boston
Se enamoró y está dispuesta a todo con tal que él también la ame.
Aunque tenga que romper con su padre para siempre. Porque Don Gustavo nunca le perdonará un cambio tan radical, está segura.
No le importa.
Al viejo le quedan sus hermanas, esas bobaliconas que siguen haciéndole caso. Cursis. Anticuadas. Mojigatas.
La onda, ahora, es otra.
Dark, gótica, tenebrosa, fatal.
Decidida, la golondrina abandona el nido, el balcón, el romanticismo...
Y, repitiendo “Never more, never more”, vuela hacia el Cuervo.
martes, junio 10, 2008
Microficciones
He subido un par de las microficciones con las que participo en el blog Químicamente Impuro, un hervidero de creaciones, mínimas solo en extensión. El desafío es escribir algo más o menos coherente, uniendo personajes de ficción y seres reales, sin exceder las 100 palabras. ¡No saben lo que nos estamos divirtiendo al hacerlo! Seguramente, aparecerán otras por acá y por allá. Y les aseguro que vale la pena que le hagan una visita...
En la ecológica Albión
El leñador alza el hacha, listo para despanzurrar a la fiera. Un grito lo detiene:
-¡Alto, monstruo criminal y deforestador!
Unos sujetos de verde, con pancartas de Greenpeace, salen de atrás de los árboles y rescatan al lobo, que los mira con ojos húmedos de agradecimiento.
El guardabosque demanda:
- ¿Tiene permiso de portación de hacha? ¿No sabe que lobos y zorros son especies protegidas? Mire, tome la multa y lárguese. Y dígale a ese Perrault que deje de mandarnos mocosos subversivos... Aquí en Sherwood, ¡nunca ondeará una caperuza roja!
JUICIO LITERARIO
-¡Su Señoría! Mi defendido, Monsieur de Hamelin, niega toda relación con el criminal. Los pequeños que él desapareció están a salvo en el Reino de la Fantasía...
-¡No, no, es su culpa! ¡Mi niñera siempre me leía ese horrible cuento! También empecé con ratas, después... ¡sólo seguí sus pasos! ¡Cualquier psicólogo se lo puede decir!- patalea Gilles de Rais.
-¡Pamplinas! ¡Que les corten la cabeza! – ruge la Reina de Corazones.
Inocente o no, con el dolor de cabeza que tiene, ¡ya no soporta más la maldita musiquita del flautista
domingo, abril 20, 2008
COMPETENCIA
Cuando me llamaron para entrenar a Robi, yo no tenía idea de que era... como es. Pero los padres querían que estuviera de diez para la competencia.
¡Pucha, el tiempo que perdí con el mocoso! Para que, a la final, mostrara la hilacha. Mi vieja decía que uno puede llevar el caballo hasta el agua, no obligarlo a beber... ¡Y qué razón tenía!
El día de la carrera se había juntado bastante público... Familiares, la mayoría. Y unos cuantos de los que organizan estas cosas para “los de capacidades diferentes”, como dicen ahora.
Ahí estaba Robi, en medio de todos los otros. Unos cuantos noteros circulaban entre los rostros repetidos, las manos ansiosas, los cuerpos sin gracia. Buscando material para el momento “tierno” del noticiero copiaban, falsificándolas, las sonrisas luminosas. ¡Habrán suspirado con alivio cuando por el altavoz anunciaron que era hora de empezar la carrera!
Un pitazo, y ahí salieron los monos, bamboleantes, risueños, saludando a la familia como si ya hubieran ganado. Robi venía bien, le había machacado hasta el cansancio lo importante que era ser el primero, ganar, ganarle a todos...
Si no hubiera sido por un infeliz que se planchó a metros de la cinta de llegada...
Fue como si al pelotón completo le hubieran ordenado detenerse, pegar la vuelta, levantarlo, limpiarle las rodillas, consolarlo... ¡Olvidados de la carrera por completo!
También Robi, perdiendo su oportunidad de ser un ganador en algo...
Y para colmo, cuando el caído volvió a sonreír como si fuera inevitable, todos, de la mano, del bracete, enfilaron para la meta y entraron juntos, pegados como siameses.
Alguien, algún otro estúpido seguro, aplaudió. Al rato cientos de palmas festejaban la ocurrencia. Y tuve que imitarlas, no iba a quedar pagando.
Ahí se quedó la copa, no sé para quién, porque no hubo modo de saber quién había ganado.
viernes, abril 11, 2008
PACIENTE AMOR
Estaban cerca, pero era como si entre ellos mediaran dos océanos, en vez de ese trozo de muro que los contenía y separaba a la vez.
Ella, a la izquierda.
Él, a la derecha.
Los dos, cautivos.
Medallones de perfiles enfrentados, ojos tendidos hacia el otro, hilvanando un puente de aire y de deseo año tras año.
Inmunes al gris de los inviernos, fríamente calmos en el sopor de los veranos, la eterna distancia los ennegrecía de penas y tiempo. En los días de lluvia, sus labios conocían, sin saberlo, el sabor del llanto que sus ojos ciegos no podían llorar.
Debajo, las persianas se abrían al abrazo del sol, para cerrarse como ojos de vírgenes prudentes cuando llegaba la noche, ebria de luna o de oscuridades.
Debajo, personas desconocidas deshilachaban sus pequeños dramas y miserias, se amaban amasando rutina y esperanza, desandaban pasillos y alegrías.
Arriba, los separados amantes nada sabían de ese latir ajeno.
Ella, plácida sibila, discurría sueños imprecisos, mientras el tiempo resbalaba sobre su perfil de camafeo.
Él, guerrero que nunca conoció Troyas ni Espartas, amo y esclavo de aquel mirar lejano, tramaba rescates imposibles, e imploraba la piedad de viejos dioses olvidados.
La casa, abajo, envejecía más que ellos, ajena a su romance sin voces.
Demasiadas veces habían rechinado sus puertas.
Demasiados soles cegado las ventanas (siempre sordas al susurro de la noche).
Los pasillos agotaron los pasos innumerables; los cuartos se vaciaron de presencias, de trabajos, de llantos y de risas...
Demasiadas vidas habían dejado sus rastros húmedos sobre las paredes, su oscuridad en los rincones, y cientos de grietas invisibles ocultaban secretos pequeños y dañinos como termitas.
Y ellos, que habían ignorado sus raíces, un día las sintieron estremecerse, heridas de muerte...
Ella hubiese querido gritar el nombre amado (que no conocía). Pero sus labios siguieron sellados.
Él ansió estrecharla contra su pecho. Pero no tenía brazos con los cuales protegerla.
Sólo pudieron mirarse con tristeza, mientras los picos se clavaban en la carne vencida de la casa.
Luego, con un estruendo polvoriento, se sintieron caer. Y una niebla áspera los envolvió.
“Amada”, pensó el guerrero, con hondo dolor sin lágrimas.
“Amado”, pensó la doncella, con la misma angustia.
Los picos quebraron el muro, separándolos.
Cada uno en su fragmento, libre.
Y también solos, por primera vez.
El cielo giró encima de ellos, mareándolos con sus aves, sus nubes, sus cambiantes colores. Aturdidos de estrellas, vieron asomar el alba, repentina y cierta como su separación.
Manos oscuras llegaron luego, para arrojarlos dentro de un recipiente junto con los otros restos de la casa.
Y así fue que la mirada de ella, ahora sin distancias, encontró la de él.
Frente a frente, sus ojos se dijeron las palabras mínimas y espléndidas que siempre reinventa el amor.
Y los viejos dioses, compasivos al fin, sonrieron mientras ellos se unían en un tardío, largo beso... El único, el primero.
JAVIER EN EL BOSQUE
Esto, en su primera versión, lo escribí en el 2004, y surgió de un intercambio entre los dibujos realizados por los alumnos del curso de ilustración que dictaba Itsvanch en el Museo de la Cárcova y los participantes del taller de Graciela Repún, entre los que me cuento aún ahora. Ellos nos dieron trabajos suyos, nosotros escribímos lo que nos sugirieron, y viceversa. Fue una experiencia muy linda, que permitió sacar a pasear la creatividad de cada quien. Me voy a permitir incluir la imagen que dio lugar al texto original (éste tiene ya varios "repasos", quiero creer que para mejorarlo), cuya autora es la ilustradora Virginia Piñón.
Javier quiere salir del bosque.
¡Es tan oscuro, frío, solitario...! Y esos árboles, que parecen estrechar sus troncos adustos, entrelazándose como enormes boas pardas, como monstruos ciegos, empeñados en mantenerlo prisionero...
Necesita salir de allí, y sus ojos buscan alguna ayuda... Tal vez un rayo de sol atrevido que perfore tanta oscuridad, un pájaro que lance la flecha de su canto hacia el horizonte invisible, o una mano que lo guíe, como las migas de Hansel y Gretel, hacia la salida.
Pero no hay sol, ni pájaro, ni mano alguna que venga a rescatarlo.
Está solo.
¿Qué será de él cuándo llegue la noche?
¿Vendrán lobos de ojos en llamas y dientes impiadosos? ¿Brujas con calderos? ¿Monstruos imposibles de imaginar?
Javier tiembla. Contagiado, también el suelo se estremece.
Si tuviera voz para gritar, Javier lo haría. Pero el miedo le aferra la garganta y estrangula el grito.
Cuando el movimiento cesa, sobre el suelo musgoso se ha abierto un hueco.
¿Puede ser la señal que espera? ¿Debe acercarse? ¿O será mejor permanecer junto a los sombríos troncos, dejándose ganar por la ilusión del sueño, hasta que lleguen la noche, los lobos, los engendros que acechan en las sombras?
No, se dice Javier. ¡No! ¡Es preferible correr el riesgo!
Sin pensarlo más, se lanza de cabeza hacia la grieta, que lo engulle como una boca ávida.
Y aunque las raíces del bosque se arquean y silban como culebras furiosas, no pueden atraparlo. Se desliza como un pez por el túnel imprevisto.
A su paso, las lombrices asustadas contraen el hilo rojo de sus cuerpos. Y en un desconcierto de patas, élitros y antenas, huyen cientos de bichos invisibles.
Un aroma a tierra recién llovida invade su nariz, mientras sigue su viaje entre centelleos y opacidades que su miedo no le permite ver.
Por fin, mareado, tembloroso, sin saber cuánto tiempo lleva ya en ese caer incierto, se atreve a abrir los ojos.
Allá, al fondo del túnel, la luz dibuja una margarita que abre sus pétalos para recibirlo.
Javier sale de la grieta, se pone en pie, observa el mundo que se curva a su alrededor...
Y ya sin miedo abre sus alas y vuela, como un pájaro, hacia el fulgor del horizonte.
Javier quiere salir del bosque.
¡Es tan oscuro, frío, solitario...! Y esos árboles, que parecen estrechar sus troncos adustos, entrelazándose como enormes boas pardas, como monstruos ciegos, empeñados en mantenerlo prisionero...
Necesita salir de allí, y sus ojos buscan alguna ayuda... Tal vez un rayo de sol atrevido que perfore tanta oscuridad, un pájaro que lance la flecha de su canto hacia el horizonte invisible, o una mano que lo guíe, como las migas de Hansel y Gretel, hacia la salida.
Pero no hay sol, ni pájaro, ni mano alguna que venga a rescatarlo.
Está solo.
¿Qué será de él cuándo llegue la noche?
¿Vendrán lobos de ojos en llamas y dientes impiadosos? ¿Brujas con calderos? ¿Monstruos imposibles de imaginar?
Javier tiembla. Contagiado, también el suelo se estremece.
Si tuviera voz para gritar, Javier lo haría. Pero el miedo le aferra la garganta y estrangula el grito.
Cuando el movimiento cesa, sobre el suelo musgoso se ha abierto un hueco.
¿Puede ser la señal que espera? ¿Debe acercarse? ¿O será mejor permanecer junto a los sombríos troncos, dejándose ganar por la ilusión del sueño, hasta que lleguen la noche, los lobos, los engendros que acechan en las sombras?
No, se dice Javier. ¡No! ¡Es preferible correr el riesgo!
Sin pensarlo más, se lanza de cabeza hacia la grieta, que lo engulle como una boca ávida.
Y aunque las raíces del bosque se arquean y silban como culebras furiosas, no pueden atraparlo. Se desliza como un pez por el túnel imprevisto.
A su paso, las lombrices asustadas contraen el hilo rojo de sus cuerpos. Y en un desconcierto de patas, élitros y antenas, huyen cientos de bichos invisibles.
Un aroma a tierra recién llovida invade su nariz, mientras sigue su viaje entre centelleos y opacidades que su miedo no le permite ver.
Por fin, mareado, tembloroso, sin saber cuánto tiempo lleva ya en ese caer incierto, se atreve a abrir los ojos.
Allá, al fondo del túnel, la luz dibuja una margarita que abre sus pétalos para recibirlo.
Javier sale de la grieta, se pone en pie, observa el mundo que se curva a su alrededor...
Y ya sin miedo abre sus alas y vuela, como un pájaro, hacia el fulgor del horizonte.
lunes, marzo 24, 2008
¡Felices Pascuas!
¡Uff, otra vez he dejado pasar un montón de tiempo sin aparecer por estos lares! Quisiera decir que no volveré a hacerlo, pero seguramente no podré evitarlo, por aquello de la fugacidad del tiempo y por cómo se escapa sin que una casi se dé cuenta... ¡hasta que mira el almanaque y empieza a preguntarse qué ha pasado con los meses que se han volado de él! De todos modos, hoy he venido a desempolvar un poco las estanterías, aprovechando la ocasión pascual y mis ganas de desearles a todos que lo pasen muy bien junto a los suyos... Un abrazo
viernes, enero 18, 2008
AMORES IMPOSIBLES
El Refrigerador, sin tomar en cuenta las notorias diferencias que median entre ambos, se ha enamorado de la Cocina.
Ella, achaparrada, morena, ardiente por naturaleza, lo mira con sus cuatro ojos abrasadores, y es fácil percibir el cálido sentimiento que esconde en su interior, en ese corazón volcánico listo para encenderse ante la menor provocación.
A él, tan alto, tan pálido, tan glacialmente serio, le cuesta revelar lo que siente. Solo de vez en cuando deja ver su luminoso yo interior. Enseguida el deber se impone y recuerda que no puede permitirse tales efusiones, volviendo a cerrarse. Tras su habitual reserva conserva un alma fresca, en la que conviven esperanzas color lechuga, materia sometida al más helado imperio, una láctea pureza monástica, un sinfín de coloridos y fragantes elementos...
De tanto pensar en ella, ya ha tenido dos cortocircuitos. La familia ha sido advertida que, de repetirse esta situación, no hay garantía alguna de que logre sobrevivir a un tercero.
Pero él no puede evitar lo que siente. Aunque hasta la pequeña Lata de Paté entienda que ese romance no tiene futuro alguno.
Como la musical Carmen, pero sin un Bizet que la inmortalice, la provocativa gitana doméstica acabaría por arruinar al ascético objeto de sus amores si llegaran a unirse alguna vez. Anulado por su abrazo, él no solo perdería identidad, sino también el trabajo que es la razón de su existencia. Incapaz de cumplirlo eficientemente, pronto habría otro ocupando su lugar. No solo en el ámbito hogareño, sino también en el afecto de la coqueta.
Aunque tal vez esto suceda de todos modos.
Según murmuran ollas y sartenes, que son quienes mejor la conocen, la muy voluble ya le está haciendo guiños entusiastas al sustituto del Viejo Calefón, el recién instalado Don Termotanque Esplendoroso.
domingo, diciembre 30, 2007
Brindo
Por un 2008 amable con nuestros sueños, por un mundo menos volcado hacia las tinieblas, por un mayor respeto hacia lo otro y lo diverso, la vida y la naturaleza, por recuperar esperanzas, ideales y los valores asociados a la palabra humano, y por tener el coraje de practicarlos cada día un poco más... ¡Feliz 2008!
Deseos
La lombriz se asomó entre la tierra húmeda., olorosa aún a lluvia.
Miró hacia arriba.
En el cielo, una nube oscura se retorcía en el viento, lombriz de humo presa en un anzuelo invisible.
-¡Lindo sería tener alas! – pensó la que nunca había dejado el suelo.
-¡Lindo sería tener anclas! – suspiró la nube maltratada, antes de deshacerse.
domingo, diciembre 23, 2007
SUEÑOS
“...te estableces en mi corazón y allí fundas tu / casa / de guacamayos blancos, viento y sal...” (Almudena Guzmán)
Yo soñaba guacamayos. Con alas enjoyadas, con penachos blancos, con picos de lacre, con garras de madera fina.
Yo soñaba casas repletas de cantos y latidos. Casas abiertas a todos los puntos cardinales, como los corazones nuevos lo están a todas las esperanzas. Casas donde los vientos hallasen cobijo pero no cerraduras, ni postigos cerrados, ni cadenas.
Yo soñaba mares de profundo jade, cerrazones azules, soles de alabastro, enjambres de estrellas tintineantes, gaviotas de ensordecedora espuma, arenas que se pudieran sembrar con huellas de enamorados...
Yo soñaba.
Ahora desperté.
Y mi canción se vuelve aullido, y la realidad aturde con su redoble.
Mi corazón ardido se apaga y, con un último siseo de agonía, enmudece.
(Imagen: The Rocker, por Ferjo, tomada de Internet)
jueves, diciembre 13, 2007
JORNADA
Pensó en los peligros del camino y tuvo ganas de volverse, pero los que venían detrás empujaban, así que siguió caminando.
Muchas cabezas caían, aleatoriamente cercenadas por cuchillas invisibles. La silueta del verdugo ominaba todo el horizonte.
Sin ocurrírsele que era inútil perder tiempo en eso, se formuló algunas preguntas; no halló respuestas confortables y siguió caminando.
Acongojado, intentó comunicarse con sus compañeros de viaje; descubrió pronto que todos hablaban un idioma distinto, aunque al principio los sonidos parecieran familiares.
Entonces, en silencio, siguió caminando.
Más tarde, elegantes monstruos de pulidos modales hurgaron en él –y en los otros- con sus ácidas, impiadosas lenguas, más y más adentro, hasta calcinar el corazón inerme.
Ahora ya sin preguntas, sin titubeos, vacío, maloliente, integrado, solo espera la bendición de las cuchillas, y sigue caminando.
(Pintura de André Langer tomada de internet)
sábado, diciembre 01, 2007
Último día perfecto sobre la tierra...
Miro el atardecer y, como siempre, me emociono con sus colores inasibles. Hoy, quizás más que nunca, porque sé que ya no habrá muchos más por delante. Para nadie.
La verdad no ha salido aún de los círculos de poder, ni creo que salga hasta que resulte implacablemente obvia.
¿Qué pueden decir los gobernantes? ¿Que ya no existirá ese futuro que tantas veces prometieron en vano? Sin la mísera ilusión del porvenir... ¡bien saben qué cabezas rodarán primero! Y así, aunque no haya escape, no quieren apresurar el tránsito. Por lo tanto, callan.
Al descubrir lo que estaba pasando creímos en alguna clase de error monstruoso, pero al consultar con colegas de todo el mundo encontramos en ellos nuestro mismo desconcierto y la misma evidencia contundente: el fin del mundo ha llegado.
¡Claro que sabíamos que eso iba a suceder! Había tantas opciones en la baraja: en primer lugar, nosotros mismos y nuestra desaprensión suicida, o tal vez un meteoro, alguna otra colisión casi impensable, o un cambio cualquiera en la inclinación del eje… ¡Oh, sí, el final tantas veces anunciado acabaría por llegar, de un modo u otro!
Pero no tanto tiempo antes, casi sin aviso, más allá de de toda suposición racional.
Pronto ya no existirán más estas nubes perezosas, ni el azul de un cielo que creímos eterno. Ni los océanos sublevados, ni esta brisa áspera que el mar arroja sobre mi rostro. Todo se perderá. Y nosotros, los parásitos, duraremos menos aún.
He dejado el observatorio. ¿Qué sentido tienen los cálculos desesperados cuando toda esperanza se revela estéril? No encontraremos una salida, no hay dónde ir, dónde ocultarse. ¿Para qué seguir oyendo los gritos que suplican soluciones mágicas?
Si algo de todo lo que hemos invertido en matarnos los unos a los otros, cada vez con más eficacia y rapidez, lo hubiésemos empleado en buscar planetas habitables, o en construir una nueva arca de Noé, tal vez un soplo, un átomo, un poco de nuestra esencia sobreviviría.
Pero no, no lo hicimos. Y un éxito atroz corona nuestra carrera: lo hemos logrado, por fin lo hemos logrado. Todos moriremos, rápida y eficientemente, cuando la furia del final nos alcance.
He regresado a casa, el lugar que me vio crecer.
Ya soy vieja y estoy muy cansada. No siento pena por mí, pero sí por lo que, pese a sus errores y horrores, la humanidad creó través de los siglos: el arte, los libros, la música… Todo se perderá, sin rastro alguno.
Y las lágrimas corren por mi rostro.
Lloro por los niños que nunca tendrán la oportunidad de crecer y equivocarse, por todas las alas detenidas, por todas las voces silenciadas, por la dolorosa belleza de este mundo condenado a desaparecer.
Más allá del ventanal completamente abierto se mece el océano; unas gaviotas sobrevuelan las crestas espumosas, giran, se alzan, descienden, en un baile tan antiguo como las olas.
La habitación está llena del sonido del agua, de los gritos punzantes de las aves, de la luz milagrosa del poniente.
Me gusta ver atardecer, mirar con los ojos entrecerrados el rostro del sol y no descubrir aún el ceño fruncido de la muerte. El paisaje es una gloria que resplandece y se duplica sobre el agua; las nubes, ahora desflecadas y violáceas, frágiles, acarician el horizonte. Una vela lejana lo fracciona.
Mañana, pasado, dentro de una semana, no sé, me sentaré en ese sillón de la galería; escucharé a Bach o a Pachelbel y me dejaré inundar por la misma tristeza premonitoria que siempre me ha provocado su música.
Beberé un vaso de agua muy fría como si fuera el licor más exquisito, tragaré determinada cantidad de pastillas.
Tal vez lamente no haber fumado nunca, supongo que podría ser un buen momento para un cigarrillo.
Y antes de dormirme, veré atardecer el último día perfecto sobre la tierra.
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